Los trajes del presente son de Thom Browne

Antes de contarles mi fascinación por la revolución del traje que gestó el diseñador Thom Browne, hablemos un poco de los trajes, los trajes. Eran inexistentes porque el mundo se dividía en gente de la corte y súbditos de sangre no azul, entonces los cortesanos se emperifollaban muchísimo más que las mujeres ya que no había mucho por hacer -para tener referencias revisar los retratos de Luis XIV, Luis XV y Luis XVI- mientras los demás vivían en una pobreza muy marcada.

Luego, cuando el mundo se aburrió de los reyes porque eran caprichosos, rencorosos, libertinos e injustos, ocurrió la Revolución Francesa que puso en la cima a los burgueses adinerados que propiciaron la llamada “gran renuncia masculina” que no consistió en otra cosa más que diseñar un traje negro y funcional porque los tipos tenían que trabajar y administrar sus bienes.

Thom Browne posando para WSJ

Esto ocurrió en el siglo XIX. Serían 100 años, el compás de espera, antes de que luego de la Segunda Guerra mundial se aflojara el traje y ya no fuera necesario el chaleco ni el sombrero, luego, treinta años después, Yves Saint Laurent le volvió a pegar una sacudida para modernizarlo. Ese podríamos decir que es la historia del conjuntito que han llevado los hombres a la oficina por décadas. Sin embargo, vino la revolución con el nuevo milenio y en el 2001 abrió su tienda Thom Browne, un norteamericano que se encaprichó con los trajes y nos dio muchas posibilidades para llevarlos de diversas formas, para costumizarlos, para hacerlos modernos, creativos e inspiradores.

Nació en Pennsylvania, estudió economía y luego de su graduación se fue a probar suerte a Los Ángeles como actor. No tuvo muchos éxito y su carrera en la pantalla se reduce a un puñado de comerciales en los noventas. En 1997 decide volar a Nueva York y comienza a trabajar en una tienda de Armani. Es allí cuando se interesa por el diseño y sin ningún estudio formal, lanza su firma en Nueva York en 2001 y para el 2003 ya estaba presentando sus colecciones en la semana de la moda de la Gran Manzana.

Su padre fue una gran inspiración, a tal punto que en una entrevista reveló que gracias a la figura de su padre que siempre andaba muy pulcro, creó su primer traje. Desde entonces no ha hecho otra cosa que experimentar con el antiguo conjunto al que ya le hacía falta una actualización. En 2006 presenta su línea sobre hielo para la temporada de otoño donde su potencia quedaba fusionado con el ADN de su marca: ¿por qué no usar los trajes con bermudas? ¿por qué no agregarle a los trajes tapados de piel? ¿por qué no combinar más figuras geométricas y colores? todas estas fueron las preguntas que él se respondió y así se hizo en un hueco del mercado muy desatendido: el mundo sartorial.

Su entereza como diseñador nos muestra un mundo en el que la creatividad, incluso en la moda, se trata de combinar, de jugar, de desafiar los límites de lo convencional y empujar la ropa hacia un manifiesto cada vez más poderoso. Es una de mis firmas favoritas porque con un solo estilo ha diversificado el armario del hombre que aún no está listo para sentarse y atravesar las fronteras de su propia monotonía al vestir. Si quieres ir a la oficia en falda o con una ombliguera y aún seguir sintiéndote lo suficientemente formal para no trasgredir, echemos un vistazo a su colección de otoño para el 2020.

El juego con los estampados, los colores y los volúmenes también son parte de su dinámica. Auto designado un aficionado al imperio Kardashian-Jennes, Thom está en un proceso crucial: demostrar que el buen vestir para los hombres no se trata solamente de homogenizar en el formato y sobresalir en los materiales, es un asunto de estilo personal no en desmedro de la apariencia pero sí cultivando la individualidad. Es así como su colección para el otoño de 2011 revivió otras épocas y nos presentó

Sin embargo, podemos decir que su estilo puede ser muy vanguardista para un mundo que sigue luchando con la libertad. Suponiendo que el estilo va ligado a la inteligencia. No se trata de parecer intelectuales, lo que se trata en moda, es de tener un discurso visual externo que acompañe el talento interno. Parece no es suficiente y nos lo grita Thom Browne, sé diferente, sé tu mismo.

El vestido que lo puso en las primeras planas fue sin duda el traje diseñado para Michelle Obama que utilizó en la segunda posesión de su esposo Barack como presidente. Con líneas duras,

Thom, dos veces ganador del premio en diseño masculino del CFDA, Thom Browne experimenta en términos temporales y por ejemplo tiene conjuntos completamente unisex adhiriéndose así a la tendencia del género fluido.

Thom Browne colección Pre Otoño 2020

Una de las características que más me emocionan es que no está muy pendiente de los estilos más juveniles. Su estancamiento en el traje le habla a un consumidor que siempre ha tenido en sus venas una tradición clásica y que puede ahora abrirse a nuevos diseños sin perder los rígido y lo universal que resultan los trajes y la ropa hiper formal llevada a una suavidad ultra moderna.

No puedo resistir esperar con ansias sus desfiles. La valentía de su marca, el desafío a la tradición en sus mismos términos y la comunión de una sociedad que se esfuerza por desdibujar los límites del género son sus atributos principales. En su última pasarela para la primavera 2020, sus diseños son súper femeninos sin perder lo que hace vital a su marca: la elegancia con nuevas estructuras.