Ropa sin cuerpo | Ropa sin identidad

“Sin un cuerpo, un traje carece de plenitud y de movimiento, no está completo”

Joanne Entwistle

La expresión material de la moda son las prendas, pero generalmente perdemos de vista que su soporte natural y vivificador es el cuerpo humano. Los estudios sobre el estilo siempre han ignorado este principio fundamental dando por sentado que los diseñadores conocen los conceptos asociados con la Antropometría, pero este asunto lejos de merecer un tratamiento implícito, debe ser considerado un elemento predominante cuando pensamos, analizamos o criticamos la ropa como manifestación estética.

La discusión en torno a lo corporal ha estado concentrada en el peso de las modelos y celebridades, sin embargo hay mucho más de fondo porque existe una interacción permanente entre el cuerpo, la ropa y la identidad personal. En este sentido la ropa se convierte en un código de mediación entre la vulnerabilidad que implica la desnudez frente a los retos sociales externos.

¿Cuantas veces por día nos detenemos a pensar en esta conexión? Muy pocas realmente y es que el enfoque parece estar dado sobre cómo lucimos según determinado estándar de belleza, pero no en el movimiento, la aceptación y la proyección que logramos transmitir cuando tenemos claridad sobre nuestra corporalidad.

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Hacer un reconocimiento sobre el papel del cuerpo como punto de partida y sostenimiento de cualquier proceso de ornamentación, es una oportunidad para descubrir que no puede existir tal cosa como la objetivación o cosificación, si nuestras intenciones estéticas son una fuerte manifestación de los puntos de vista que guían la experiencia vital personal.

¿Qué tal si intentamos ir más allá cuando nos medimos un vestido o un traje? Este ir más allá puede ser evaluar cómo se siente el cuerpo con el atuendo y no únicamente cómo se ve en el espejo. De eso hablan los diseñadores cuando se refieren a su deseo de destacar a la persona sobre todos los demás elementos que esté usando.

En ese sentido la mayor dificultad es la censura social que según la investigadora Mary Douglas siempre impone determinada visión, aunque esto ha sido así en todas las épocas, generalmente deja como resultado una serie de límites que impiden descubrir el encanto del cuerpo, las cosas que mejor funcionan para sus formas y las oportunidades de proyectar confianza en uno mismo.

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Algunos autores señalan que el acto de vestir el cuerpo puede ser asimilado como una metáfora visual para la identidad, pues las decisiones cotidianas sobre qué ropa usar van configurando con el paso del tiempo una apariencia reconocible para los demás, pero aún más importante para uno mismo. Este planteamiento, no es nuevo ni mucho menos, grandes del diseño como Poiret (diseñador olvidado), Balenciaga, Chanel, Vionnet y Azzedine Alaïa comparten una perspectiva escultórica donde las proporciones o los movimientos corporales determinan la apariencia de la prenda, sin sacrificar un ápice de su belleza.

La clave como señala la autora Joanne Entwistle en su libro ‘El Cuerpo y la Moda una Visión Sociológica’ es comprender que en una medida muy importante la ropa es la forma en que las personas aprendemos a vivir con nuestros cuerpos y a sentirnos cómodos con ellos.

¿Cómo se están llevando sus cuerpos y la moda?