Un militante silencioso: Carlos de Gales

Hoy hablamos de Carlos porque siempre ha fascinado a la monarquía inglesa, más en estos años en los que se ha revitalizado hasta el cansancio con los matrimonios del príncipe Guillermo con Kate Middleton (toda una fashionista) y de Enrique con la actriz Meghan Markle que también genera gran expectativa por sus atuendos y el estilo que desarrolla a partir de sus cambios al ser parte de la realeza. En ese sentido el mundo parece dispuesto a volver a ver ese mini-planeta de dinero, príncipes, condes y duques con complacencia.

En la foto familiar, hay un personaje que ha conocido lo mejor y lo peor de la fama, el Principe Carlos de Gales, la persona más amada de Gran Bretaña cuando se casó con Lady Di, la mujer casi perfecta. También fue el tipo más odiado por el revés de ese mismo sueño: el divorcio de Lady Di, la posterior muerte de ella y la boda con Camila Parker.

¿Qué podemos decir? el príncipe parece que ha vivido.

Quitando todas esas cosas que son de extrema importancia, hay un aspecto que lo convierte en todo un personaje de estudio para la industria de la moda: su parlante a favor de reciclar la ropa.

Todos podemos pensar que Carlos, el príncipe, debe tener una lista infinita de firmas y sellos de Savile Row que envían ropa para que, si la suerte está de su lado, utilice alguna de las prendas y le de la vuelta al mundo en la prensa, sin embargo, la austeridad y el buen gusto del príncipe lo ha hecho célebre en su defensa del medio ambiente. Hace una década hablaba con la revista Vogue y le enseñaba a los lectores a crear estilos con prendas vintage y únicas que bien pueden mezclarse con las más modernas tendencias configurando una visión ecléctica. Por supuesto al príncipe siempre se le ha acusado de no seguir ninguna tendencia. Pero parece que no se cansa de repetir que se deben utilizar más textiles orgánicos y menos ropa sin significado personal.

En 2009, el Mail Online de Gran Bretaña describía su estilo de la siguiente manera:

Sus trajes son impecablemente de doble botonadura. Su chaqueta de la cena está cortada como una chaqueta de punto holgada. Sus corbatas son casi cómicamente estrechas y fuertemente anudadas. Su traje de mañana es un tejido ligeramente gauche, gris sobre gris, llamado “pick and pick”; Las solapas de su chaleco están equipadas con dandy-ish, ‘slips’ o ‘demis’ blancos, que se adhieren al interior de la prenda con botones.

Pese a que no es un habitual en las listas de mejores vestidos del mundo (según GQ el del año pasado fue el rapero C. Tangana), las personas más allegadas a él lo han descrito como un gran amante de la moda y de los detalles y también ha sido blanco de los medios de comunicación porque se le ve con prendas que llevaba hace veinte, treinta o cuarenta años.

El príncipe usando los mismos zapatos en 1968 y en 2009.

Una de las cosas que más me gusta de leer sus entrevistas y reportajes en cuento a su estilo, es que guarda cariño por ciertos elementos de su atuendo que para él tienen un valor simbólico, por ejemplo, los zapatos de la imagen de arriba que los compró cuando tenía 20 años y casi 40 después, aún los lucía.

O este sombrero que bien le quedaba en 1972 y también como anillo al dedo (o copa a la cabeza) en 2008. O un abrigo tres cuartos que le sentaba ya en 1988 y lo volvía a hacer en 2006.

Estas elecciones nos dicen mucho de un buen fashionista:

  • No le importa “lo que está de moda”, lo que le importa es su propio criterio para combinar prendas.
  • Elige sus “must have”porque han tenido una historia con él. Un abrigo puede ser el mejor de los acompañantes en un viaje o un pequeño reloj de bolsillo el mejor apoyo en la noche.
  • Se preocupa por el medio ambiente y por ello le da una vuelta de giro al reciclar la ropa no solo defendiendo el carácter altruista de ese hecho sino enfatizando en la función estética de la reutilización.
  • No se viste para que digan de él, lo hace para posicionarse en el mundo (y nada tiene que ver con ser príncipe. Bien se puede ser un trabajar de oficina y no por ello mermar la necesidad de prestar atención a la apariencia)
  • Su esencia está en los detalles.

Con una mirada sincera, el príncipe Carlos ha podido inscribirse en causas de vital validez para la vida moderna como la conservación de la arquitectura en Gran Bretaña, su preocupación por el medio ambiente y la contaminación o la medicina homeopática y a partir de allí, ha vivido según reglas que ha adoptado con total sinceridad sin la necesidad de hacer propaganda de ello.

Podemos decir que no lo necesita, es correcto, a lo mejor podría hacer cualquier otra cosa y daría lo mismo porque su rol se lo permite, pero no es suficiente para no admirar su filosofía y, sabiendo que todos los ojos se posan en él, compartir un poco de lo que su vida le ha enseñado.

En cuanto al estilo, la lección más importante que nos da el príncipe Carlos es la siguiente: sin importar qué dice el mundo, la apariencia es también un lujo personal, una forma de conectarnos con nosotros mismos, con nuestra historia, con nuestros dolores, y crear un estilo que nos dure toda la vida y que nos haga felices es como forjar nuestra personalidad. Solo a través de los años logramos conocernos y una vez que lo hacemos, podremos vestirnos acorde con nosotros mismos.