Lesbianismo contra cultura

Todos los países poseen en las entrañas de cada ciudadano una historia, una tradición, una costumbre que reúne masivamente a todos aquellos que hacen parte de este lugar, casa o nación. Esto no solo lo hacen todos y todas, esto pasa de generación en generación. Y entonces hemos construido así una línea que romper puede costarnos la vida. Pueden ser cosas muy pequeñas como decidir no estudiar lo que toda tú familia espera que estudies, o puede ser algo muy grande como decidir amar a una persona del mismo sexo, esto sí que es un problema en algunos países. En este caso, las tres películas con las cerramos este especial se caracterizan porque en todos los contextos se cultural, el lesbianismo no solo va contra la familia sino contra la cultura.

En el caso de Rafiki no solo estaba prohibido para dos mujeres amarse en la película sino también en la vida real. Kena y Ziki son dos jóvenes kenianas que crecen con una aparente libertad de ser, hasta que esto ataque contra las tradiciones de su cultura. Cada una es hija de un hombre políticamente activo, ambos se enfrentan por un puesto, ellas se conocen en esta contienda y se enamoran. Sus amigos abiertamente homofóbicos y su gente abiertamente tradicional creen que el amor entre dos mujeres no existe y permitir esto es traición. Las dos deben luchar por defender lo que son, lo que sienten y lo que creen, pero no es fácil cuando todo lo que ellas conocen amenaza su vida como la conocen.

La película está cargada de color que resalta la personalidad de cada personaje y permite que nos enfoquemos en lo importante, desde la historia. Los espacios donde ellas empiezan a coincidir se llenan de color y esto solo nos marca un camino de diversidad. Si bien el guión no cuenta a detalle todo lo que se imaginaria el espectador, cumple con el papel importante de incomodar. Los espacios donde sucede la historia son caminos comunes en Kenia y juega con planos generales y primeros planos para ubicarnos en la importancia de lo que pasa. No solo es una lucha cultural, es una lucha política por lo que ellas representan en el momento que lo representan.

Kena y Ziki ponen por delante lo que sienten, de manera valiente van por las calles demostrándose amor. Esta libertad que ellas tienen por sentada no es precisamente lo que murmura la gente. En Kenia las mujeres deben ser esposas, deben concentrarse en formar una familia con un esposo y con hijos, porque “buenas chicas keniatas hacen buenas esposas keniatas” y en la vida real, esta película fue censurada, ya que en Kenia cualquier contenido homosexualidad o comportamiento homosexual es un delito.

Así mismo pasa en Carmen y Lola que nos cuesta una historia de amor desde las calles de un barrio gitano donde el objetivo de todas las mujeres debe ser conseguir que un hombre las elija como esposas. Desde muy pequeñas se les enseña que al crecer serán casadas y que los que deciden son sus padres. La autonomía y libertad de una mujer gitana se ve reducida a la obediencia máxima. Deben obedecer a su padre, deben obedecer al patriarca, deben obedecer a su esposo.

En esta película hay muchas particularidades que la hacen grandiosa. Inicialmente, es una película grabada en contextos reales, el elenco es real ya que ninguno de ellos, ni siquiera las protagonistas, habían actuado antes. Solo una actriz de teatro que se ganó el personaje en su casting. Un personaje tuvo que ser eliminado de la historia ya que la mujer que lo interpretaría no tuvo permiso de su patriarca para hacerlo. Y es que, al ser contada por personajes reales, la historia es real, aunque sea creada desde la ficción.

Carmen y Lola se conocen en un mercado de frutas donde sus padres tienen un puesto de venta, al cruzar palabras y miradas, entre las dos existe una primera conexión. Tal vez porque son jóvenes, porque son gitanas y porque para hacer amistades dentro de su grupo también es difícil. Terminan por coincidir en muchos espacios, pero Carmen ya tiene una idea pre concebida desde el rumor y es que Lola es lesbiana. Eso crea confusión, prevención, curiosidad en ambas, lo que quiere decir que todo lo que pasa después de ahí es un constante descubrimiento de sus deseos, de sus quereres y de sus miedos.

Todo en cada escena es presentado de manera tan natural que no hay espacio a dudas, carece de elementos distractores. Lo importante siempre sobresale y sin duda, la escena más poderosa es cuando Carmen es elegida por un joven ante su familia, que acepta sin problema. Se realiza una fiesta tradicional donde se le entrega al hombre el derecho sobre la mujer, la música, la comida, el comportamiento de los invitados y Lola viendo cómo la pierde. Por su parte Lola no solo se enfrenta al maltrato de su padre como padre, sino como pastor de una iglesia. Todo alrededor de ellas es violento y agresivo, así que cuando deben elegir entre su tradición gitana, su cultura y el amor, ellas eligen el amor.

En Fire también se elige el amor, pero para llegar a eso las dos mujeres se enfrentan a un autoritarismo por parte del hombre dueño de casa. Son dos familias hindúes, ambas viven en la misma casa que en el primer piso tiene un negocio familiar. Radha vive con su esposo y su suegra en esa casa hace muchos años, cuando Sita llega cargada de juventud a vivir con su esposo en ese mismo lugar, se espera que ambas cumplan con sus obligaciones de esposa. El esposo de Sita le es infiel, ella se siente sola y desea libertad, Radha se acostumbró a obedecer, a cuidar de su esposo y a cumplir todos los viernes con sexo. Estas dos mujeres no solo son oprimidas por la cultura que les manda ser esposas antes que mujeres, sino violentadas, maltratadas y rechazadas en una cultura donde la supremacía masculina prima.

Si bien la cinta de 1996 no posee en temas de imagen planos llamativos, ya que son cámara fija en planos muy generales, posee un relato emotivo y transgresor. Las dos mujeres que al principio se ven obligadas a compartir espacios, terminan por pasar tiempo juntas de manera voluntaria hasta enamorarse. Pero esto es castigado por este país, por sus leyes políticas, sociales y religiosas. Y aunque ellas lo saben, deciden vivirlo desde el Rincon más oscuro. Mismo rincón donde son descubiertas por el esposo de Radha. Sita se va, le pone una cita de amor, mientras Radha enfrenta la violencia machista de su esposo que intenta violarla para corregirla, pero en cambio, de manera accidental se prende fuego su ropa y él deja que ella se queme. Como puede busca a Sita y es el encuentro que las salva.

Tres películas atravesadas por culturas tan poderosas en sus jerarquías, tradiciones y costumbres que anulan cualquier cruce de caminos, desvió de objetivos. La cultura debería ser libre, para que todos podamos de cierta manera elegirla y vivirla desde nuestro lugar seguro, en cambio aquí lo menos seguro que existe es la casa, es la familia. Estas tres historias de amor deben enfrentarse a una estructura social que demanda de ellas como mujeres cumplir con un rol inventado por un hombre que necesita demostrar su poder. Cuando la mujer decide ir contra cultura el lesbianismo se vuelve un acto político, deja de ser un impulso y se convierte en vida. La mujer no nació para ser esposa, ni para obedecer y mucho menos para confirmar el poder de un hombre ni afirmar la masculinidad de ninguno. La mujer nació para ser libre y eso implica poder amar a otra mujer si así lo siente y que por esto no sea desterrada, marginada ni castigada con el desprecio de la tierra que la vio nacer. El amor no es tierra de nadie, el amor es una cultura que ejercemos todas.

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