Jackie Kennedy | Nació la mujer que nos iba a enseñar el papel de una dama

Es Jacqueline Kennedy una indiscutible leyenda no solo de la moda sino de la historia mundial del siglo XX. Su cara inusual, la singularidad de sus ojos sabios que le regalaban encanto y la manera en que reconstruyó con un rotundo desconcierto cada una de las palabras que definían a la primera dama del país más poderoso del planeta, la llevaron a sentarse en una de las sillas más codiciadas de la imaginación voluble que estereotipa al poder. Jackie no era solo una mujer. Era toda las mujeres.

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Nació el 28 de julio de 1928. Fue la mujer perfecta de una época donde el relego de los géneros definían las ocupaciones de una sociedad americana dictaminada por la crisis económica. Las mujeres fueron llamadas a apoyar a sus maridos y ser bellas para ellos. Jackie estudió arte, hablaba varios idiomas, viajaba, leía y sobre todo, no quería ser un ama de casa más. O lo quería con una y muchas adhesiones que la hacían sobresalir.

 

Acompañada con la sonrisa inmutable que escondía su pensamiento. Entendía que el mundo era una imagen borrosa de un ideal mundano. Aún con todas sus emociones fielmente resguardadas, en sus momentos más oscuros, se comportó como lo que todo el mundo esperaba de ella. Una mujer culta y honorable.

Carta de Jacqueline Kennedy a Nikita Kruschev:

Casa Blanca, Washington, 1º de diciembre de 1963

Estimado Sr. Presidente del Consejo:

Desearía agradecerle su gesto de enviar al señor Mikoyan en representación suya, al entierro de mi marido.

Cuando me expresó su pésame parecía muy afectado y me sentí hondamente conmovida.

Aquel día traté de darle un mensaje para usted, pero fue un día tan terrible para mí que no supe si mis palabras hubiesen salido como yo quería.

Así, ahora, en una de las últimas noches que pasaré en la Casa Blanca, en una de las últimas cartas que escribiré utilizando el papel de la Casa Blanca, me gustaría escribirle mi mensaje.

Lo envío únicamente porque sé cuánto le preocupaba a mi marido la paz y hasta qué punto, en su mente, la relación entre usted y él ocupaba un lugar principal en este cuidado. Solía citar palabras de usted en algunos de sus discursos: “En la guerra próxima, los supervivientes envidiarán a los muertos”.

Usted y él eran adversarios, pero eran aliados en la decisión de evitar la destrucción del mundo. Sentían ustedes un mutuo respeto y eran capaces de tratar el uno con el otro. Sé que el presidente Johnson no escatimará esfuerzo para establecer con usted una relación análoga.

El peligro que inquietaba a mi marido era que la guerra fuese iniciada no tanto por los hombres importantes como por los que ocupan puestos secundarios.

Mientras que los hombres que llevan las grandes responsabilidades conocen la necesidad de dominarse y contenerse, los que ocupan los pequeños cargos ceden a veces al impulso del miedo o del orgullo. Ojalá en el futuro puedan los hombres prominentes seguir haciendo que los pequeños se sienten y dialoguen antes de enzarzarse en la lucha.

Me consta que el presidente Johnson continuará la política en la que mi marido tenía profunda fe: una política de autodominio y moderación. Pero necesitará que usted le ayude.

Le envío esta carta porque tengo honda conciencia de la importancia de la relación que existió entre usted y mi marido, y también para agradecer la amabilidad de que tanto usted como la señora Kruschev dieron muestra en Viena.

He leído que tenía lágrimas en los ojos cuando salió de la embajada norteamericana en Moscú después de firmar en el libro de los testimonios de condolencia. Le ruego acepte mi gratitud más sincera.

Afectuosamente,

Jacqueline Kennedy

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El dolor atravesó sus facciones. Su infancia no fue del todo fácil, tuvo un aborto y uno de sus hijos murió a los dos días de nacido, su esposo fue asesinado y su matrimonio no era el cuadro feliz a los que el mundo se acostumbró. Padeció la infidelidad y la soledad profunda. Su sufrimiento fue enmascarado tras su papel de la esposa de Estados Unidos y de mujer todopoderosa. Se levantó de cada caída con su mejor gala y con elecciones impecables en su exclusivo armario donde Chanel siempre tendría su espacio especial. Por supuesto, el sobrero Pill Box. Ese sombrero Pill Box.

Jackie Kennedy fue el modelo de estética femenina en la mitad del siglo pasado. La admiramos por su valentía, su cultura, su inteligencia, su decoro, su instinto, sus ganas de hacer del mundo un lugar más bello y sobre todo, por la solemnidad con la que vivió. Por ser una belleza real. Hoy, la recordamos en el día de su nacimiento.

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