En respuesta a Edward Salazar sobre la moda en Colombia

Hace unos días, Oriana Godoy me pasó el link de una entrevista a Edward Salazar, publicada por Draw Latin Fashion en la que habla de la moda en Colombia, que, en mi opinión, se puede extender a la industria en la mayoría de los países de América Latina. Sus palabras estuvieron dando vueltas en mi espacio como verdades que no se dicen y que, cuando se dicen, quedan allí como una gran lectura de una realidad que no se sabe cómo modificar.

Edward toca puntos muy interesantes que quiero retomar en este artículo con la hipótesis de describir la manera en que ha sido malconcebida la moda por una sociedad que se demora en profundizar. Es cierto que la moda es de fácil asociación con lo superficial. Y es que se puede ser muy banal muy rápido pero también es un síntoma en el que la moda es un ejemplo poco peligroso. La política ha llegado a un punto en el que se elige a un presidente a punta de medios de comunicación. Los debates políticos en redes sociales, también los económicos, los deportivos, los médicos, son tratados con tal grado de irresponsabilidad informativa que es fácil empezar a cuestionar el derecho a la libre expresión. O, en contraposición, criticar con la dureza de un martillo el sistema educativo de estos países.

Cuando el periodismo de moda era otra cosa…

Se podían leer en revistas como Vogue, Vanity Fair, Elle, Marie Claire y en todo el rubro de publicaciones “para mujeres” una serie de grandes plumas escribiendo sobre la vida en sociedad, historia, arte, política, industria, economía, y por supuesto, también sobre peinados y paletas de colores. Truman Capote, Joan Didion, escritores de ficción, cronistas, periodistas, antropólogos, sociólogos, esa era la nómina de las revistas que se preocupaban por llevar a las manos de sus consumidores información relevante que bien podía versar sobre la oferta de sombreros como las políticas de Margaret Thatcher. Verán, la cultura general implica un compromiso con la realidad en vínculo directo con nuestros propios intereses.

Inicio del artículo “Reality and the American Dream” escrito para Vogue por la antropóloga y poeta Margaret Mead en 1949

La profundidad, como dice Edward, debe venir del periodismo de moda como un sinónimo de reflexión crítica. Miradas que nos inviten a pensar sin dejar de lado el contenido estético. También la longitud abarca este problema, la inmediatez y escasez de palabras en Twitter o en una revista no compite con historias largas, con reportajes completos que lleven el espacio de deban llevar sin el temor a que los lectores se cansen. En lo virtual, el espacio no es una limitante, en todo caso lo sería el hábito de leer o la habilidad del escritor para enganchar. Esto me recuerda a las maravillosas crónicas de la revista colombiana Soho o de PlayBoy en los Estados Unidos. El error es pensar un consumidor de revistas de moda como alguien al que solo le interesa la ropa en un circuito interno. Hay moda en todo: en la ciencia, en la política, en la literatura, la libertad del contenido de moda debe exceder la ilusión de vivir en un desfile.

Inicio del artículo “Two faces and a Landscape” escrito por Truman Capote para la revista Vogue en 1966
Inicio del artículo “American Phenomena: The new music, The new jazz” escrito por la musicóloga y académica Joan Peyser para Vogue en 1966
Inicio del artículo “What happened to art?” en el que el pintor William Seitz entrevista a Marcel Duchamp sobre arte y circunstancias

De repente se nos olvida que la moda es también un conducto de manifestación que, subestimado por una mirada crítica débil, tomamos a la ligera los mensajes feministas en la ropa de las grandes firmas de moda como Dior que mostró hace un par de temporadas una camiseta con el estampado “We should all be feminist”. ¿Qué significa ello? ¿Cambiará el mundo por una camiseta de Dior? ¿La justicia es más poderosa por una camiseta? La repetición como contradicción del sentido se evidencia en que tomamos moda en su sentido más ligero. Se pierde la simbología y con ella la fuerza. Por ello, cubrir la colección de Dior debe estar acompañada con una mirada de los referentes literarios como Chimamanda Ngozi, una revisión a la pintura de Florine Stettheimer, no es acabar el tema diciendo “oh, hay una camisa de Dior feminista”.

Camiseta estampada en pasarela de la firma Dior.

Esta ligereza toma mucha densidad en Colombia cuando la sociedad asocia la moda a un exclusivo mundo estético de tendencias y seguimientos. Los mensajes son fórmulas repetidas sin inteligencia. Las páginas están cargadas de publicidad y publicidad, de formas consumibles, de aspiraciones arbitrarias. Visualmente se convierte la moda en una serie de fantasías para el street style y aquellos llamados cultos que juzgan con dureza. Los escritores y periodistas deben ofrecer suspicacia pero no cosas que nadie entiendan, no se trata de un concurso de laberintos intelectuales, es la formación de un canal de comunicación con la sociedad.

Cuando la moda era visualmente estructurada…

Se podía apreciar el trabajo de los grandes fotógrafos del mundo que bien hacían un reportaje sobre tendencias en París, le hacían una historia a Joan Crawford o se iban a fotografiar los estragos de la guerra de Vietnam. La especialidad en fotografía de moda (al igual que todas las especialidades artísticas en mi opinión) ahondan en la técnica pero no en el contenido. Un fotógrafo de moda también debe tener la habilidad de contar algo, no de manera abstracta como algo que solo vive cuando lo explican, sino como algo que se sostiene por sí mismo.

Una de las cosas de Diana Vreeland hizo con Vogue América fue imprimirle un sentido de la aventura. Habían muchas cosas que decir y la revista de moda tenía la capacidad de contar con palabras, con imágenes, con indumentaria, con silencios, con miradas, con modelos… Lo visual debe contar una historia más allá de los jóvenes haciendo skate para mostrar tendencias de una temporada o la mujer caminando por las calles de Buenos Aires. Sin coherencia e intención, es fácil perderse.

Los reportajes fotográficos de artistas como Cecil Beaton, Richard Avedon, Horst P. Horst, Irving Penn y muchos otros se publicaban en estas revistas de moda extendiendo una mirada artística que era mucho más que mostrar un producto o las tendencias, era el reflejo de un tiempo, la toma de una generación con preocupaciones, ídolos y sueños conflictuados.

A lo mejor el problema no es que las revistas de moda perdieron calidad, sino que el público dejó de interesarse por exigirles algo más que frivolidades. Si la cuestión es vender, entonces la construcción de públicos está teniendo un retroceso. La comunicación entre los productores de contenido y las masas pretenden una relación que sobrevuela los temas y que no quiere herir susceptibilidades.

La idea es tomarse el trabajo en serio y con importancia. El periodismo de moda en Colombia, al no tener una plataforma que sustente su contenido, pasa rápidamente a vincularse con los chismes de los famosos, los matrimonios de los ricos y la escena internacional. En otras palabras, puede más una novela de hace treinta años que una columna de moda en el noticiero.

Si la moda en Colombia hablara de Colombia…

El último punto es la idea de la moda en Colombia como un sinónimo de artesanías y de culturas indígenas. Este tema es espinoso y es del tipo “dedo en la llaga”. La identidad en la moda es importante. Reconocer una marca por sus atributos es completamente comprensible, sin embargo también es peligroso conservar como tesoro una caracterización que genera un estereotipo.

La moda implica cambio y con ella debe permanecer el reto de competir mundialmente para ganar mercados sin repetir las fórmulas. El ADN de todos los diseñadores colombianos no es lo tradicional ni lo histórico. Hay firmas que se alejan de ello y deben tener el mismo apoyo, las mismas oportunidades en niveles estatales. ¿Cuán importante es la moda para la economía nacional? es realmente mucho y sin embargo, el apoyo que encuentran diseñadores emergentes es casi nulo. Sin embargo ni culpa del noticiero, ni culpa del periodista de moda; de igual modo se trata a la cultura en general: literatura, plástica, cine… ¿lo que faltará es educación y universidad gratuita?

Diseños de la colombiana Isabel Henao

¿Qué significa eso de marca autogestionada o firmas independiente o diseñadores de nicho? La industria debe fortalecerse desde la unión de todos sus elementos: el mundo de los diseñadores es mismo que el de las revistas de moda, los influencers, los modelos, y encontrar el punto intermedio en que la unión haga la fuerza me parece el mayor de los desafíos.

Un ejemplo de ello es Esteban Cortazar, un diseñador tan colombiano como cualquiera que fijó su vara en la escena internacional sin tener que repetir la idea del caribe nacional .

En otras palabras, la moda debe funcionar para sí y ser relevante para el mundo. Todos nos vestimos mirando los referentes en Colombia y también los del mundo. Espacio hay para todos. Y en ese panorama también lo hay para la creación de miradas críticas, de vínculos con aspectos sociales, históricos, médicos… la moda abarca lo sublime y lo trascendental.

La moda lo es todo… tratémola de ese modo.