El amor como acto político de la mujer en el cine

Por: Sara Duarte.

La Reina Cristina, es una película biográfica donde se cuenta el ascenso al trono de Cristina de Suecia. Ella se ve obligada a aceptar por ser la única sucesora de su padre. Este, en el nacimiento de Cristina pensó que era un príncipe y la educó de esa manera. Cristina siempre estuvo conflictuada entre sus aspiraciones políticas y el amor que sintió por la dama de su corte Ebba Sparre, con quien tuvo un romance apasionado. Mismo que se ve relatado de manera poderosa en las escenas de amor de la película. Cristina nunca quiso casarse, le parecía una sujeción que no pensaba aceptar y fue considerada por Suecia como una traidora al abdicar a su trono y convertirse al catolicismo antes de morir. Pero la verdad es que batalló muchas revoluciones y fue una apasionada precursora del arte en su nación. 

Reina cristina, la realeza y lo político

En coherencia con esta historia de poderes y hombres ambiciosos, la película nos muestra una resistencia política por parte de Cristina una vez se hace pública su relación con Ebba. Esta determinada a defender su libertad y su soberanía sobre sí misma. Aquellos que la seguían veían su homosexualidad como un acto de rebeldía contra la corona. Ella lo asumió como el poder de hacer y ser como bien le parezca. Cada plano jugaba con esa fuerza al centrarse siempre en la expresión del rostro de Cristina. El vestuario si bien es acorde a la época, se queda corto al igual que el maquillaje. Pienso que tal vez no se quería robar la atención de lo importante que la jerarquía de la corona que representaba ella para Suecia.

En esta misma línea de poderes e intentos masculinos por anular la figura femenina como dueña de sí misma, encontramos Rara.  Una película chilena que nos presenta a una familia de dos madres que luchan cada día por adaptarse a una sociedad que sigue sin poder creer que hayan familias homoparentales.  En este caso exacto las dos madres que han logrado educar a sus hijas bajo un principio de respeto por el otro, donde al igual que en Cristina se piensa como un acto de rebeldía contra el sistema, se enfrentan a una figura paterna que deslegitima toda su labor cuando una de sus hijas siente rechazo por tener dos madres.

 La directora Pepa San Martin hace un trabajo emotivo con planos abiertos, recorridos de cámara que acompañas a las madres en un día a día angustiante de constantes peleas producto de lo que viven. De igual manera medios planos de las niñas que interpretan esta fragilidad frente a la homofobia de los otros. Todo esto en medio de unos diálogos de resistencia y amor.

Rara: La cotidianidad como acto político

En esta película se pone en duda la idea de la familia que se tiene establecida en el sistema de un país como Chile, y porqué no, en la mayoría de los países latinoamericanos donde no hay una ley que ampare a toda la diversidad de las familias, convirtiendo esta lucha en algo político y no moral. Sara es la niña desde donde se cuenta toda esta historia, su relato por momentos frío de su vida con su mamá y la esposa de ella vende la idea de que su familia no está bien, para al final demostrarse a sí misma que la felicidad está en aceptar que somos diferentes de muchas maneras y eso nos hace especiales. Las idas y vueltas de los personas, nos permiten ver las injusticias que hay escondidas en el famoso “no tengo problema con que las personas gay adopten pero…” y nos enseñan como resistir con amor cada una de ellas.

De injusticia también nos habla My days of Mercy. Una película que nos cuenta como esa frase de Gina Borré “lo personal es político” termina por definir cada una de las acciones que nos defienden en un mundo donde amar es político, resistir es político, protestar es político y vivir libremente es político. Dos mujeres se conocen en las protestas que se dan en las cárceles por la pena de muerte a los presos acusados de asesinato. Ambas ubicadas en lugares opuestos de esta lucha coinciden desde el amor que en vez de hacerlas contrincantes, las hace aliadas.  Lucy lucha para que a su padre no lo maten, Mercy para que se haga justicia, así eso implique la muerte. Ambas escapan de sus miedos, fragilidades y dudas cuando se enamoran.

Mercy: un paso hacia lo político profundo

Si bien la familia de Lucy sabe y acepta su homosexualidad, no pasa lo mismo con Mercy. Para la familia de Marcy ser homosexual es ir contra el sistema que defiende nuestros derechos, es la típica familia de clase alta que quiere que sus hijas se cansen con hombre de una posición social. Ambas viven una mentira, porque Lucy está defendiendo a su padre aun cuando siente que él sí mato a su madre, y es ahí cuando el amor hace su trabajo: sana, fortalece y libera el alma, en contra de todas las leyes que puedan determinar lo contrario.

El director nos sumerge no solo en una historia de amor sino en un relato de investigación policial que nos lleva a descubrir quién es el asesino de la madre de Lucy. Nos permite ir y volver de esos hechos con una facilidad que no hay manera de perderse esa continuidad. Los colores cálidos que usa cuando ellas dos están juntas en contraste con los colores fríos de los momentos de tristeza, nos llevan a pensar que cuando ellas se aman siempre es verano. Las miradas de quienes están alrededor de ellas siempre nos ubican en ese lugar de ser observadas, nunca somos simples espectadores. La interpretación de Kate Mara y Ellen Page es extraordinaria.

Estas tres películas manejan una línea en común pese a que son construidas en contextos muy diferentes, y es que las tres historias se ven atravesadas por la imposición de leyes de conducta que oprimen la libertad de una mujer de amar cómo quién y a quien quiera. Tanto para Cristina porque siempre quieren casarla, como para las dos madres de Sara que se enfrentan a un país que nos las cree aptas de tener una familia y terminar con Mercy quien encuentra en el amor de Lucy la mejor manera de oponerse a la ley. Lo que nos enseña que no existe una ley, ni un decreto que pueda determinar nuestra manera de amar, nuestra manera de ser mujeres y que sí hay que luchar contra aquello que nos oprime, nuestro amor es la mejor arma política para defendernos.