Tres It Boy de los ochentas que vale la pena recordar

Un It Boy (al igual que una it girl), son aquellas personas cuyo arte los ha llevado a ser un referente para el mundo. Ellos han sabido crear un personaje en el que miles de personas a lo largo del mundo se han identificado hasta el punto de querer ser como ellos, de usar lo que usan, de ir a los lugares que van, en definitiva, de vivir sus vidas. 

Lo más usual es que esas personas que llegan a ese estatus de reconocimiento, provengan de industrias como la música o el cine en donde la masividad es casi instantánea y de repente nos encontramos con nombres como Meryl Streep, Bono, Taylor Swift o Robert De Niro que son idolatrados en el área que cubre los cuatro puntos cardinales. 

Sin embargo hay artes que son menos populares pero infinitamente inspiradoras como la danza, la ópera o las artes plásticas. A esos cúmulos de talento llegan pocas personas y no tienen la necesidad de ser universales porque sus nichos son reducidos y con toda la razón ya que no creo que nadie esté dispuesto a ir a un Ballet en un estadio al que le caben cincuenta mil personas. 

Por todo esto y porque sé que les interesa curiosear la historia de la moda y del arte, voy a hablarles de tres It Men que me parecen esenciales para entender la movida artística y performativa de los años ochentas, y, quién sabe, puede que también se hagan seguidores de sus legados. 

El primero de ellos es Kazuo Ohno, un japonés que creo una nueva forma de danza llamada Butoh por allá en 1959. La segunda mitad del siglo XX miró mucho a oriente y es por ello que artistas como Kazuo se ganaron un reconocimiento mundial sin precedentes. Kazuo también se convirtió en una importante figura espiritual. Enseñó por muchos años de su vida y vivió hasta los 103 años de edad. Trabajó en muchas películas del alemán Peter Sempel y su espíritu elevado y su peculiar forma de presentarse al público ha hecho estremecer a miles en el mundo entero. 

El segundo de los hombres que revolucionaron las bellas artes de los ochentas fue Michael Clark. Nació en Escocia en 1962 y a los cuatro años bailaba música de su país. Su amor por la danza lo fue llevando a perfeccionarse hasta comenzar su carrera profesional en el Royal Ballet School de Londres. Participó como coreógrafo en diversas producciones para el cine mostrando una faceta misteriosa y digna de culto. A principios de este año participó en una serie de videos de GQ con Gucci en el que aparece bailando y haciendo performance en varias locaciones de Tokio. 

Nuestra última inspiración proviene de Australia, es el fantástico Leigh Bowery uno de los personajes más icónicos de la cultura popular en su país y una gran influencia para diseñadores como John Galliano, Alexander McQueen, Vivienne Westwood o Lady Gaga. Era un artista del performance, diseñador de modas y una mente creativa. Su vida duró muy poco, murió a los 33 años pero logró forjar un legado maravilloso al representar prácticas como el polisexualismo, el masoquismo, las transformaciones del cuerpo entre otras prácticas que eran tabú. Tanto era su amor por lo original y lo irruptivo, que abrió un bar llamado  Taboo que estuvo abierto desde el 85 al 87 en Londres. Un lugar al que asistía toda la plana de artistas underground en Gran Bretaña y donde conoció al pintor Lucian Freud con quien llegaría a trabajar. Un personaje que cambió la manera de vivir la noche en Londres. Un maestro de la moda y el performance. 

 

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