Reseña: «Todas las mujeres son muchas» de Daniel Herrendorf

La historia de esta novela del escritor argentino Daniel Herrendorf comienza con una escena típica: dos mujeres en un pueblo al norte del país van a la feria a comprar algunas cosas. Se encuentran, se miran, se conocen de manera profunda, como si el diálogo de su fraternidad, de la historia de su pueblo y sus propios dolores compartidos, les avisaran que es hora de ponerle fin a una miseria arrastrada por la lucha y por el tiempo.

«No era un milagro. Tampoco un golpe de suerte. Hacía mucho tiempo que se hubieran escapado (¿quién no se hubiera escapado de ese infierno?) pero no había ni a dónde ir ni a quién decirle que había que irse»

Ellas, Luisa y Fidela, después de unas intensas ganas de caminar, empiezan una travesía que se convierte en una voz silenciosa que viaja como ondas electromagnéticas que llevan el mismo mensaje, uno que ha sido redactado como el tejido de una tela de araña que decide expandirse: es hora. No aguantan más, no quieren seguir debajo de un brazo que las golpea, de una resignación que las golpea, de una existencia que, lejos de ser vida, es un golpe repetido que las empuja a escapar de la violencia de sus maridos y de la fatal rutina de humillaciones.

Es ahí, una vez emitido el mensaje, cuando la novela se abre a otras historias y a otras mujeres. Con humor, sarcasmo y una realidad que llega como una ola de la que no podemos escapar, nos cuenta Daniel Herrendorf la historia de Elina, una boliviana que con su canto ancestral es capaz de matar a todos los blancos que la escuchan. La historia de Azucena quien «sintió un hilito de agua hirviendo que le salía de la comisura de los labios; no tenía que ver para saber que no era saliva, ni sangre, ni pus. Era hartazgo»

La historia de Jacinta, una mexicana fuerte, como todas las mexicanas, que apenas escucha el rumor del congreso de las mujeres que caminan por Suramérica, insiste en irse a incorporar al congreso. La historia de Leticia, de Silvana, de Idola, todas ellas poniendo en evidencia el pulso de nuestra época de alzar la voz y encontrar la justicia que ha sido negada desde un punto de tolerancia y de solidaridad en el que los hombres y las mujeres encuentran en el punto de armonía y zanjan un pasado común completo de injusticias y discursos discriminatorios.

La novela es de un color latinoamericano inigualable. Denominado como «Surrealismo mágico», propone una prosa regional que varía entre los dialectos de nuestros países, los imaginarios sociales que circulan entre la población, un rezago católico del que aún no podemos escapar y sobre todo la vitalidad con la que enfrentamos los malos ratos que la vida nos pone en frente.

Daniel Herrendorf, autor de «Todas las mujeres son muchas»

Es una novela que me ha ayudado a entender lo que Emma Watson reforzó en su discurso ante la ONU por allá en el 2014 cuando decía que el problema de la desigualdad y del género debe ser asumido y afrontado tanto por mujeres como por hombres, que es todo este asunto un tremendo enredo en el que muchos han sufrido y cuya solución no está en tener una piedra para lanzar, sino en entendernos más que como violentos, como productos de unas circunstancias que han sido adversas.

Otro elemento característico de la novela es el absurdo fantástico, la desproporción de la realidad en un cómico relato en el que un grande y gordo hombre cae al mar y vuelve a la tierra convertido en mujer; la forma en que revive Frida Kahlo, ese encanto con el que Epifanio predice el tiempo al tono de sus tetillas.

En definitiva, «Todas las mujeres son muchas» es una novela indispensable, un aire refrescante y una lección de cómo el humor, el compromiso social, la historia y la perspectiva feminista pueden converger en una hermosa historia bien contada.

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