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Bettina Frumboli | Maquillar. Mostrar que todo es lindo

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Llegué a la academia de maquillaje de Bettina Frumboli media hora antes de lo previsto, ya saben lo que dicen: hombre precavido, vale por dos. Su secretaría de ojos muy azules me hizo pasar y me senté a esperarla, al parecer ya estaba llegando. De repente estaba yo, en frente de un salón con muchos espejos, sillas movibles y mesas, ese debía ser el lugar donde se dictaban las clases. El lugar donde muchas irían a aprender a maquillar profesionalmente. Fue entonces cuando me pregunté… ¿qué tan difícil podía ser? Eso lo descubrí minutos después durante la entrevista.

Justo en ese momento entró Bettina. Una mujer imponente con una cabellera negra leónica, rasgos fuertes, poco maquillaje y una sonrisa que aparecía cada tanto achicando sus ojos suspicaces.

Un amigo me había hecho el contacto para acceder a ella y desde el primer momento entendí que era una mujer ocupada. Es de esas personas que aman su trabajo y en todo momento tienen su cabeza con diez mil cosas. No es para menos, Bettina ha trabajado para los mejores en Argentina, ha estado a cargo del maquillaje en sesiones de foto para revistas de la talla de Vanidades, Dmag, OHLALA!, Elle, Catalogue, Cosmopolitan y muchas más que hacen de su nombre un peso pesado en la moda y que la convierten en una de las más bucadas por su capacidad para emebellecer.

Nos sentamos en un sillón blanco con muchos cojines chiquitos con fundas color pastel y empezamos la conversación hablando de nuestro amigo en común, que es un genio bailando y que hace cosas muy geniales y yo no encontraba la forma de entrar en materia, en lo que realmente me interesaba saber de ella, o sea, en el maquillaje. Es una mujer amena y habla de todo lo que le preguntes, tenía que empezar por algo y tenía la pregunta de inicio preparada desde hace días: