Soñé que escribía para Vogue

Antes de hablar de Vogue, un sociólogo asegura que la música que escuchamos durante nuestra adolescencia, las bandas que se pegaban en nuestros pasos e identificaban esos momentos que inauguraron en nosotros el amor, el deseo, la decepción, la alegría, nos acompañarán para el resto de la vida. Es por ello por lo que la juventud suele ser considerada la mejor etapa, es allí donde tomamos piezas del mundo y nos dejamos invadir por sensaciones que, al principio son prestadas de las películas o de las revistas o de la televisión y luego se adhieren a las paredes de nuestra esencia como si fueran pintura. Adornamos nuestro interior con fotografías, noches asombrosas y aventuras y sueños.

Anoche fui a dormir con una sonrisa y un par de whiskys. Fue profundo, casi erótico, vívido como el sol en verano y claro como un manantial: soñé con que escribía para Vogue.

En mi sueño estaba sentado en una pequeña cafetería a la que me gusta ir en el barrio Belgrano de Buenos Aires. Se llama Sálvame María; hacen los capuchinos como nunca en otro lugar los he probado. Estaba en una mesa junto a la ventana viendo el calor caer en el asfalto y un ruido citadino que desde adentro parecía un susurro con la promesa porteña. Las mujeres llevaban vestidos de flores, strapless con boleros, faldas plisadas que se movían con el andar de los tacones. Los hombres se uniformaron con bermudas, camisas blancas de lino y alguno corría sin camisa con la piel bronceada y el cabello empapado en sudor.

Tenía mi computadora abierta y en ella un artículo empezado con el título «Todos los zapatos de mi vida». Me sentía dichoso y nada más podía interponerse entre ese momento y mi felicidad.

Cada vez compro menos revistas de moda. Me gusta Vogue (mucho mejor si la consigo en inglés), también compro en ocasiones Vanity Fair y GQ. Lo que me falta es la sensación de que son publicaciones inteligentes. A pesar del efecto visual que genera estar al tanto de la tendencia, las revistas, siempre llenas de muchas publicidades que tienen una doble función: promocionar una firma y entretenernos con los modelos estéticos que imperan, los cortes de la ropa, el tamaño de las joyas que está de moda, siguen teniendo menos palabras cada vez.

Una revista de moda, en mi opinión, debe tener voces poderosas que no solo nos cuenten anécdotas o eventos sociales, sino plumas que interpreten la sociedad y nos den una lectura de lo que el mundo representa. Muchos publireportajes también me aburren, ya saben, esos artículos en donde se entrevista al director de una joyería contándonos todo lo que pasa en su última colección. Son artículos que no tienen una mirada crítica, todo es elogio tras elogio. La moda se trata de tener un criterio, de argumentar las elecciones y para ello pido a gritos más crónicas, sobre todo de gente joven, muy joven que vaya en contra de los establecido. Irrupción a favor del progreso de las revistas de moda.

¿Se van a terminar extinguiendo? esperemos que no. Lo seguro es que yo me extinguiré y la nostalgia de mi sueño podré o no vivirla. No es el caso de todas las revistas de moda, es el caso de nuestros países poco productores de lujo y mucho menos consumidores de lo propio.

Me desperté con la sensación de que el mundo era un lugar bueno y perfecto. Revisé el correo y no tenía ninguna invitación a colaborar con Vogue, aún así, me bañé, tomé un buen libro, y me fui a leer a Sálvame María esperando que el mundo siguiera siendo lo que es y que yo encontrara algún camino para ver mi nombre impreso en la biblia de la moda.

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