Querido Espejo

A ti querido espejo, que defines mi vida, mi imagen y mi autoestima.

Cuando me levanto en la mañana pueden pasar dos cosas contigo: la primera es encontrarme enfrente de ti, con un yo al que odio por despeinado, desaliñado, sin una seña de vitalidad. Es como si supieras de antemano lo que va a ser mi día (algo horrible) y de entrada me haces ponerme en modo “todo es una mierda”.

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Lo segundo que me puedes hacer es verme por primera vez en la mañana y encontrarme radiante. Algo en los ojos, en los labios, en el cabello o en el cuello que me muestras, me encanta y entonces de repente me siento embargado por una gran cantidad de valentía.

Al principio pensaba que eras una especie de objeto mágico, como el de la bruja de la Blanca Nieves. Solía pensar que por cuestiones del destino había días buenos y otros malos y nada podía hacer para cambiarlos, entonces lo único era prepararme para aguantármelo. Tú me lo decías cuando me mostrabas mis ojeras del tamaño de un acantilado o mi cabello indomable. Pero un día decidí hacerme tu amigo y proponerte una tregua.

Siempre tuve una gran rivalidad con el espejo, conmigo mismo. Con esa voz en la cabeza que no dejaba de repetirme los defectos, las imperfecciones, hasta la falta de ganas. No lo toleraba, no podía entrar en una sala llena de espejos porque empezaba a temblar del temor a ver lo que los demás veían en mí. Al final, ese era el único de los miedos, pensar que las demás personas verían lo que yo veía.

Con el transcurso del tiempo, los años y la moda, descubrí la gran importancia de correr en contra del destino y hacer de la primera vista de mi cara y mi cuero, el elemento clave para tener una jornada fabulosa. Y de eso tú fuiste un gran aliado.

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“Casi siempre es el miedo de ser nosotros lo que nos lleva delante del espejo.” Antonio Porchia

La moda es una cuestión de hábito y también el mejor amigo que puede volverse el peor enemigo. Ahora cuando me paro en frente tuyo decido que soy suficiente para triunfar. Para salir a la calle y ser la mejor versión de mí mismo.

Por años has sido tú el dador de verdades y ahora soy yo quien debo tomar las riendas de mi estilo y ser cada día la persona que quiero ser.

Gracias por la compañía querido espejo, gracias por la sinceridad, gracias por la honestidad y sobre todo, gracias por mostrar mi belleza natural.

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