Extrañando a un ícono del modelaje · Jean Patchett

J8Por mucho que me puedan contradecir, el lunar junto a la boca de Cindi Crawford no es ni remotamente el primero ni el más famoso de los lunares en la industria de la moda. Antes hubo uno mucho más grande que quedaba junto al ojo derecho, el de la modelo Jean Patchett.

J7 J6 J5 J4 J3 J2 J1Jean, una chica de pueblo, oriunda de Maryland en Estados Unidos, pensó que la vida era más que ir a trabajar como secretaria en una escuela y se fue a Nueva York a conseguir lo que todo el mundo quiere lograr: una vida exitosa. Con 22 años (una edad imposible para comenzar una carrera de modelaje por estos días), firmó con la agencia Ford que quedó encantada con el porte y el metro ochenta de la chica que se contertiría en una de las más grandes modelos de su generación.

No fue fácil al principio, como todo debe encajar, la señora Ford le dijo casi textual «querida, estás tan grande como un caballo, debes bajar de peso» (¿les suena conocido?) y un mes después volvió con diez kilos menos. Trabajó para las grandes marcas y productos de la época como Revlon, Max Factor, Helena Rubenstein, Woodbury Cosmetics, Christian Dior, Coco Chanel, Jacques Fath, Charles James, Adele Simpson, Ben Barrack, David Levine, Hattie Carnagie, Mary Black, Nellie Don, Nettie Rosenstein, Botany, Maximilian, Henri Bendel, Vera Stewart, Mollie Parnis, Ship n’ Shore, Cole of California, Tiffany & Co., Neiman Marcus, Julis Garfinkle Co., Macy’s, Hudson’s, Bergdorf Goodman, Hutzler’s, General Motors y Eastman Kodak entre otras.

Para el punto más alto de su carrera, hacía 50.000 dólares al año lo que hoy sería aproximadamente medio millón de dólares, una cifra muy alta para una modelo que, a diferencia de hoy, no tenía múltiples ingresos a partir de negocios independientes, redes sociales o contratos de protocolo.

Luego de su matrimonio con Louis Auer, un banquero que había trabajado algunos años en Wall Street, Jean se negó a trabajar demasiado para poder cuidar de su esposo, por ello, en todos sus contratos y proyectos, exigía que el horario no empezara antes de las 10 de la mañana ni terminara después de las 4:30 de la tarde.

Sus grandes cejas arqueadas, su mirada profunda y su esbelta figura fueron recurrentes en el nuevo estila de vida estadounidense. Su familia siempre mostró mucho interés y emoción por la prometedora carrera de Jean que la llevó a ser la celebridad familiar. Las reuniones giraban en torno a ella y sus viajes por el mundo. Durante los cincuentas, se hizo muy amiga de la modelo y actriz Gita Hall, que murió en agosto del año pasado y contaba la historia de cuando Jean deseaba tener hijos pero tenía problemas para concebir, esta le dijo que si le servía, le podía prestar sus hijos algunos fines de semana para ver si tener hijos andando por la casa, estaría más motivada para quedar embarazada. Al final, Jean y Louis adoptaron dos niños.

Jean fue estupenda por su manera altiva de modelar sin llegar al rango de la prepotencia. La naturalidad de sus movimientos y la atención que prestaba a cada parte de su cuerpo durante las sesiones de fotos, convencieron al mundo de que ella era la mujer que todas querían llegar a ser. La revisa Esquire escribió sobre ella «La belleza es su negocio: Jean Pactchett es una modelo en un millón», y lo comprobaría con cada uno de sus quince años modelando. Sus fotografías con el aclamado Irving Penn se hicieron famosas como referencias de la revista Vogue hasta el punto de romper las portadas a color de la revista con esta foto a blanco y negro que se volvió extremadamente famoso, tanto, que se vendió en 2008 por 266.500 dólares en una subasta en Christie’s.

Jean alguna vez admitió que se propuso a ser la chica de hielo de las fotos, tener esa mirada lejana y parecer inalcanzable, es quizás una de las formas en que cambió la forma de modelar, porque, si bien lo logró, no dejó algo de humanidad y cercanía fuera de su trabajo. Fue catalogada como la diosa joven americana de la moda parisina.

Se retiró en los sesentas para dedicarse a sus hijos y es la cara que aparece en el escritorio de Maggie Prescott en la película Funny Face con Audrey Hepburn. Jean fue una leyenda y hoy la recordamos como un ícono.

“Vi a Jean Patchett en la portada de la revista Life cuando estaba todavía en la escuela. Ella parecía tan glamurosa que me inspiró a querer convertirme en modelo. Jean era siempre asombrosa con un porte que nadie más tenía, exótica y elegante. Jean tenía la mejor figura que cualquier modelo desearía tener con esas largas y proporcionadas piernas que la hacían hermosa.” diría la modelo Dolores Hawkins Phelps

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