La imagen de las mujeres en la posguerra – Parte 3

Dior, sus faldas inmensas y la fotografía de moda.

Escrito por: Yamid Zuluaga y Alejandra Monterroza

 

Balenciaga 50's
Balenciaga 50’s

Los diseñadores de modas tienen un espacio muy especial en la década del 50, en la fotografía y en la imagen. Ellos tenían a cuestas una enorme responsabilidad social con las mujeres de su época y con el mundo. El reto principal consistía en devolverle a ellas una feminidad perdida por el oscuro paso de la devastación. Era su principal labor construir a una mujer que se volviera a sentir orgullosa de sí misma con una de las más poderosas herramientas que una persona puede tener: la imagen.

El prejuicio respecto al mundo de la moda es de unas dimensiones estrafalarias, incluso hoy con el bombardeo de información a los que se está acostumbrado, gran parte de la reputación de la moda tiene que ver con su aspecto banal o con una superficialidad categorizada fuertemente por elementos que parecen irradiar vacío. No es una falsedad que el negocio de la belleza mueve tantos millones como sentimientos en cualquier sociedad, a tal punto que se suele satanizar o desvalorizar el aporte social que puede desprenderse de un rubro que a través de un camino sublime, manipula inconscientemente a un colectivo que rechaza a voluntad la afirmación que la moda es indispensable para el funcionamiento de la actualidad dejando de lado el sistema de consumo.

Es fácil inducir el cambio que se pretende conseguir por medio de la ropa, porque no solamente se adquiere un vestido o un pantalón, lo que en realidad se está consumiendo es autoestima, egoísmo, superación en incluso se pone en la mesa de juego algo tan valioso como el amor y los medios de conseguirlo.

Balmain - 1951
Balmain – 1951

Las mujeres volvían al esplendor por medio de un prototipo de belleza forjado a partir de la magnificencia, allí, los creadores de la ropa; sastres, modistos, vendedores y diseñadores, volvieron a ser los ocupantes del gran tiempo que las mujeres pasaban solas en la casa. El consumo de revistas de moda y de productos de la poderosa industria fueron una consecuencia directa del tráfico de significados culturales enmarcados en una engrandecida sociedad de consumo a la que eran arrojados todos por ser parte del llamado “Estado de bienestar”, de a poco las familias tenían mayor poder de adquisición para lo que las industrias culturales empezar a emitir mensajes que invitaban a comprar desde las cosas más banales hasta las más trascendentales para la “familia moderna”.

El devenir moda de nuestras sociedades se identifica con la institucionalización del consumo, la creación a gran escala de necesidades artificiales y a la normalización e hipercontrol de la vida privada.” Este concepto de Guy Debord da pie al debate relacionado con la masificación de la mercancía como una forma de entretenimiento que se populariza con las llamadas “necesidades artificiales” que son inventos del sistema comercial para mover sus productos más rápido y estimular la compra desmedida de mercancía, esto se contrapone y de muchas manera evidencia la intencional carga que han puesto en los hombros de la moda porque entonces, siguiendo la línea del poder, tenemos que todos los atributos que pretende adquirir un consumidor con un vestido para parecer la mujer de una imagen está fundamentado en un vacío psicológico.

Sin embargo, lo anterior no anula la sensación de seguridad. Por ser teóricamente falso y superfluo, ¿acaso no es necesario?. Las mujeres en la década del 50 vestían para pertenecer a una buena clase social así esto fuese sólo una ilusión.

James - 1954
James – 1954

En esta década ocurrió la llamada democratización de la moda. Las casas de alta costura, como inclusión en esta política de bienestar general y para poder sostener sus empresas, comenzaron a comercializar prendas accesibles a un gran público que antes no tenía acceso a estas mercancías, por ello, cuando todos podían tener la marca que estaba de moda con un pequeño esfuerzo, pocas se abstuvieron de tener el armario de “la mujer bien vestida” según los lineamientos de libros completos o revistas como Harper’s Bazaar y Vogue que eran unas biblias seguidas casi al pie de la letra para no estar desprevenida en ningún momento.

Al ser de fácil falsificación los modelos, poder conseguir telas y casi cualquier material o la popularización de las fibras sintéticas para simular tejidos, distinguir las clases sociales resultó ser todo un campo difuso y ambiguo, todo lo visto y lo consumido era tan parecido, tan ordinario y tan normal, que se necesitaban de otros caminos para llegar a la tan anhelada distinción que las clases sociales siempre supieron reformular.

El nacimiento del “pret a porter” o listo para usar, fue uno de los puntos de quiebre más alabados en toda la historia de la moda porque permitió que la industria se abriera, no solo en cuestiones de público sino de creadores que comenzaron a diseñar a diestra y siniestra con el objetivo de acaparar atención, dinero y la locura comenzó con la renovación cada seis meses de la línea de temporada. En otras palabras: el mundo de la moda se hizo multimillonario gracias a las mujeres que necesitaban comprar ropa a como diera lugar para no quedarse en el pasado, para no estar fuera de moda, para ser la chica de la fotografía.

Dior - 1953
Dior – 1953

En el campo social y también como elemento de juego fue en esta década cuando se definió la temida y muchas veces peligrosa adolescencia. Antes, en la primera mitad del siglo XX, tanto hombres como mujeres estaban desprovistos de la personalización de la moda que tanto cuesta por estos tiempos. Los hombres pasaban de la niñez a la adultez cuando, dejando de usar pantalones cortos para hacerse de pantalones largos, esa era su gran revolución, en el campo de las mujeres, vestían muy parecido a sus madres, nada insinuante, nada favorecedor a la juventud, solo se tenía en cuenta la necesidad de distinguirse de clases bajas. En los cincuentas, con la aparición de ese periodo de transición entre la niñez y la adultez, se creó no solamente un nuevo grupo de consumo sino toda una nueva ideología representada popularmente en íconos nacidos de películas como rebelde sin causa y el salvaje. La primera acompañada por el chico malo por referencia James Dean y la segunda a cargo de Marlon Brando. De pronto el rock and roll definía un nuevo grupo social y se filtraron las ganas de cultivar la juventud valiéndose de una diferencia atrevida que también se reflejó en la moda.

Veamos los trabajo de algunos de los diseñadores que comenzaron en esta época:

Christian Dior creó el new look, lo más parecido al derroche desmedido de una época que le seguía al racionamiento. Se dice que más de 40 metros de tela se necesitaban para confeccionar uno de sus vestidos. Este diseñador que inicialmente estuvo destinado a ser diplomático, terminó reinventando la belleza poniendo de moda las pequeñas cinturas, los hombros descubiertos y un misterio guardado en la mirada de las mujeres.

Charle James fue uno de los que inspiraron el movimiento en la industria que devino en el llamado New Look de Christian Dior, considerado el primer costurero americano, este hombre nacido en Gran Bretaña y posteriormente radicado en Nueva York tuvo una pasión por la moda genuina y no respondía a temporadas o tendencias.

Hubert de Givenchy tenía un futuro pre-destinado: ser abogado, sin embargo entró a la Escuela de Bellas Artes de París y luego de trabajar para casas como la de Elsa Schiaparelli o Piguet, abrió su propia de modas con el importante apadrinazgo del llamado arquitecto de la moda Cristóbal Balenciaga quien era su ídolo y a quién conoció por casualidad en una gala en Nueva York. Givenchy creó uno de los matrimonios más recordados y de más estilo entre el cine y la moda al vestir en muchas películas a la estrella del momento Audrey Hepburn. Pese a que en principio se había negado a trabajar con ella pensando que la Hepburn de la cual le hablaban era Katherine y no Audrey, luego aceptó el reto y juntos crearon el “estilo Hepburn” muy copiado y apetecido además de representar la autenticidad de la mujer en la década del 50. La colaboración de los dos que fueron amigos por muchos años incluyen películas como “Charadas”, “Funny face”, “Cómo robar un millón de dólares”, “Sabrina” y le hito del cine y de la moda “Desayuno con diamantes”. Pese a que ya Coco Chanel había antes trabajado en Hollywood siendo su experiencia muy recordada por cobrar un millón de dólares por vestir a actrices de la época como Gloria Swanson e Ina Claire, esas producciones que estaban bajo el mando del mismísimo Samuel Goldwyn no tuvieron mucha repercusión y lejos de alabar el diseño de vestuario fue visto como atrasado y retrógrada en América. Luego de la relación laboral entre Givenchy y Hepburn se conocerían otros casos como el de Catherine Deneuve con Yves Saint Laurrent en el cine o Jean Paul Gaultier y Madonna en la música.

 

Givenchy 1957
Givenchy 1957

Pierre Balmain: El nombre y la firma son una leyenda, un mito y un ícono del estilo en la historia de la moda en toda la humanidad, este hombre, al igual que muchos otros nombres reconocidos en la industria de la moda, tenía otro camino diferente de los textiles pero no alejado, abandonó sus estudios en arquitectura para ingresar a un taller de modas donde aprendió el bello arte de la costura. Su valiente apreciación de la mujer desde una mirada masculinamente sofisticada aportó un grano de arena a la consolidación de una nueva mujer “galardón” como se acostumbraba a principios de siglo haciéndola sutil y sublimemente hermosa e inalcanzable. Abrió su tienda en Nueva York en el año de 1951 y desde entonces tuvo como musas a grandes celebridades de la época como Brigitte Bardot, Marlene Dietrich y Sofía Loren. Siguiendo el legado de la marca, hoy el joven Olivier Rousteing está al frente de la casa con la que se ha desarrollado el significado del empoderamiento de la mujer. Su estrategia hiper mediática lo ha hecho un consentido de la industria.

Cristobal Balenciaga: Llamado el arquitecto de la moda, este español fue una celebridad por la pulcritud de sus diseños. A muy temprana edad e influenciado por su madre costurera, se interesó por la moda. Después de allí, lo único que tuvo que hacer fue trabajar duro para abrir su casa primero en San Sebastián y luego ir creando un imperio en torno a un diseño limpio y magnánimo. Su esplendor lo vivió en la década del cincuenta influenciando a otras leyenda como Hùbert de Givenchy que solía decir de Balenciaga: “cuando una mujer llevaba un vestido de Balenciaga, hasta hacía que caminara diferente”

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *