Moda – Sexo – Moda

Hoy nos ponemos sexuales porque Gucci lo patrocina. No en el sentido literal de la palabra, lo digo por la nueva campaña para el perfume Gucci Guilty en el que Alessandro Michele, director de la firma, le dio por poner a Jared Leto desnudo y melancólico en una tina, en una cama y en las calles de Milán al lado dos modelos en un relato erótico sugestivo.

 

Es una regla histórica que la venta de productos o de servicios eleva su poder de seducción si le incluyen sexo o violencia al asunto. La moda es belleza, armonía y amor, así que la violencia no pega tan bien, pero el sexo… señores, el sexo es lo que hace a la industria de la moda un negocio completo y satisfactorio en el que no se escatiman recursos en las campañas ni en creatividad. Desde las míticas noches en el Studio 54, las fiestas del gran Paul Poiret, los amantes de Coco Chanel o las mega rumbas en las semanas de la moda, todo tiene una ráfaga de sexo y el sistema está diseñado para que las ganas de portarse mal y pasarla muy bien sean una premisa. Por eso la mala fama de la industria.

Jared Leto en la nueva campaña del perfume Guilty de Gucci

No estoy hablando solo de una penetración, hablo del cuerpo como elemento sexuado y sexual. Siempre nos vestimos para que alguien nos mire en la calle con lujuria, nos compramos el pantalón más apretado, la faja que mejor vaya, la blusa un poco más escotada, todo porque vivimos en el reconocimiento sexual del otro y es inevitable, es la manera de convivir. Si Carrie Bradshaw nos dio alguna buena lección, es que no importa si estamos en el Siglo XVIII, en la década de 1950 o empezando el nuevo milenio: uno de los objetivos de la vida de cualquiera es conseguir a un otro que nos ame (no necesariamente un esposo, también podemos remplazar la palabra por compañía, , un rato de sexo, novio, amante o amigo con derecho) y para eso utilizamos la moda como herramienta sexual, como la explotación de la primera impresión que lo vale todo.

Claudia Schiffer protagonizó esta caliente campaña para el otoño de 1994 invitando al deseo
Claudia Schiffer protagonizó esta caliente campaña para el otoño de 1994 invitando al deseo

Bryan Turner en su libro “El cuerpo y la sociedad” hace una diferencia que vale la pena resaltar porque muchos estarán diciendo ‘hoy nadie se compra ropa para buscar con quién casarse, yo me compró ropa para mí misma’, está todo bien y puede que haya mucho de razón en ello pero en palabras de Turner: “El corsé del siglo XIX, y la manía del siglo XX por la delgadez conseguida con la dieta y el ejercicio regulares, aseguran que las mujeres se ajusten a ciertas normas de belleza que se presume son atractivas al hombre”, esta es una verdad infalible, luego continua “El cuerpo delgado es el camino de una mujer hacia los brazos, el corazón y el hogar de un hombre. El corsé era, cuando menos, una condición necesaria para el éxito en el mercado matrimonial”. Imaginamos que muchos hombres son guapos sin necesidad de tener el cuerpo de Thor, por ejemplo Leonardo DiCaprio no tiene problemas en conseguir pareja y su barriga le da un “algo más”. En cambio, la lucha se pone intensa cuando es el cuerpo de la mujer el que se mira sexualmente y entonces llegamos a las discusiones por mujeres como Lena Dunham o Amy Schumer que imponen un prototipo de seguridad que hoy sigue siendo criticado. ¿Es justo que se ponga en juego la belleza real de una mujer en pleno Siglo XXI y no el de los hombres?

 

Hoy se reemplazó la necesidad del matrimonio por la obsesión del éxito personal que se centra en el proyecto individual de vida. Los sueños, la fortuna, los planes a futuro, el reconocimiento o las metas que solo se consiguen trabajando duro y dejando todo a un lado son lo importante y sacrifican esa idea de romanticismo complejo. El amor se suprimió a una noche de pasión, un rato en la fiesta, un novio de un par de meses, un matrimonio que acaba en divorcio a los pocos años, el reality show de Discovery Home & Health que pretende crear al hombre perfecto y la capacidad de atraer personas que nos cortejen para que se aumente el ego tan alimentado por Freud.

 

Tom Ford, Marc Jacobs, Calvin Klein, Guess, Armani o Dolce & Gabanna han apelado al sexo explícito (o casi explícito) para vender y sí que lo han conseguido, son los nombres que más suenan en el mundo de la publicidad, la moda y las calles de los bien vestidos por su capacidad de inspirar sensualidad solo con mencionarlos.

La primera campaña con contenido abierto homosexual fue hecha por Calvin Klein, generó polémica y censura en algunos países

Pierre Bordieu le agrega picante a la discusión al asociar el valor estético al valor moral cuando verse bien sirve para algo. Verse estupendo a muchos y a muchas le ha ayudado a conseguir el trabajo, a saltarse la línea del aeropuerto, a entrar al VIP entre otras muchas otras ventajas que consiguen los impertinentes. Entonces la ropa, la cosmética incluso las cirugías son una inversión, no es cuestión de estar felices con nosotros mismos, para eso no se necesita una talla 34b, es cuestión de las puertas que se abren y una vez probado el acceso, no hay vuelta atrás. O si no, ¿por qué creen que todas quieren verse como los ángeles de Victoria Secret?. Lo dijo Naya Ribera en una reciente entrevista, el aumento de pechos que se hizo a los 18 años fue la mejor inversión de su vida, aclaró que era cuestión de amor propio pero… ¿le creemos?.

 

Seguiremos viendo campañas de este tipo y también seguirán siendo polémica por la censura en muchos países alegando el daño moral (como si los jóvenes no tuvieran ya mucho sexo sin necesidad de ver el comercial del perfume CK2 de Calvin Klein). En Rusia las prohíben, en países del medio oriente ni hablar así como la condena que le hacen a estos productos que se debaten entre la democracia y la pornografía.

Candice
Candice Swanepoel es la imagen de la última campaña de Brian Atwood que también estuvo en medio de críticas por el alto contenido sexual, lo que represente más repercusión para la firma.

Al final, como dice Susan Faludi, “la inseguridad personal, es el gran motivador para comprar” las marcas lo saben y no escatiman gastos en creerlo.

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