Maria Juliana Ruíz, el vestido y la voz popular que todo lo juzga

En un país en el que debería preocupar más la pobreza, la falta de acceso a la educación o la marginalidad de minorías como el colectivo LGBT, lo que hizo mella en la opinión pública -y por opinión pública me refiero a las redes sociales- es un look. 

Si la guerra de Troya se libró por Elena, bueno, no es de extrañarse que un gran abrigo ocupe titulares mientras todo el mundo se vuelve experto en moda así como se convierten en politólogos durante las elecciones o directores técnicos en los mundiales de fútbol. 

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La tristeza sin embargo no proviene de la elección del traje sino del odio desenfrenado mostrado por los usuarios de Facebook, Twitter o Instagram que no se restringieron a la hora de burlarse de una mujer que no solo trabajó para la OEA, sino que además tiene entre sus responsabilidades oficiales velar por la imagen de la nación.

Antes de empezar ¿ustedes lo harían mejor?

Obviando a aquellos que lamentablemente dijeron que parecía vestida de “foamy”, comentario que solo indica desconocimiento frente a la variedad de materiales de calidad como el paño, el neopreno, el terciopelo y demás que pueden tener una apariencia parecida, rescatamos que hay voces que se tomen en serio los debates. 

Vanessa Rosales, escritora y especialista en teoría de la moda, dice de una manera brillante en su cuenta de Instagram que “hay un profundo modo machista de juzgar a la primera dama – no solo porque se escruta lo que lleva puesto más que quién es – sino por también se colapsa con el marido, depositando en ella todo lo que él supuestamente es.” 

Estemos de acuerdo o no,  seguimos creyendo falsamente que la representación simbólica que desempeña la primera dama de Colombia aterriza únicamente en su apariencia. Sin importar que sea una socióloga o una docente universitaria, a nadie le interesa. Y no es lo peor. El asunto, por irónico que parezca, es que la figura de la primera dama tiene implicaciones reales y valiosas, es ella quien tiene la oportunidad por ejemplo de conformar la Junta Directiva de organizaciones como el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) ¿les suena conocido?

Luz Lancheros también opinó de manera contundente y fundamentada en una columna para la revista Nueva Mujer que pueden leer aquí. Allí, ella dice que “Cuestionar aspectos básicos como el ajuste de un traje no es lo mismo a degradarla moralmente, hay que dejar eso claro, porque no se sabe cómo puede abanderar su papel desde el lenguaje no verbal.“Con toda la razón, expone casos en los que la vestimenta de una mujer con poder ha hecho que se determinara su posición frente a ciertos asuntos globales, la gracia y el estilo de Michelle Obama frente a los ideales de belleza, el reciclaje de la ropa en manos de la Reina Leticia o la petición para construir el muro que separe a EEUU de México en el caso de la cantante Joy Villa con su vestido en la entrega de los premios Grammy’s. 

Joy Villa pidiendo un muro en los Grammy's.
Joy Villa pidiendo un muro en los Grammy’s.

Ahora: ¿Qué fue lo que falló?

En el programa de chismes colombianos La Red, conducido por comentaristas  como Carlos Vargas y Carlos Giraldo aseguran que el problema fue de protocolo y de asesoramiento. Dijeron también que el ego de los diseñadores impidió que se eligiera un look apropiado para la primera dama. Es cierto que falló el estilismo, pero debemos ir un paso más profundo para que las personas entiendan de dónde proviene el error. 

Chaqueta cruzada de Cristobal Balenciaga.
Chaqueta cruzada de Cristobal Balenciaga.
  1. El color llamado “menta” o en la escala de Pantone el 5503u, es un tono frío de una gama de pasteles. Sabiendo que la primera dama tiene un tono de piel cálido (mejor beneficiado por las gamas de rojos, naranjas o amarillos), esta elección tan cerca de su cara y cuello la hacen ver opacada. No en el sentido metafórico. El reflejo de la luz y el contraste piel-prenda hace lo contrario a resaltar la viveza de su color natural.
  2. El vestido blanco con bordes laterales negros tiene la intención de estilizar la figura y lo lograría si la línea no fuera recta en toda la parte de la falda. Lo ideal era que la falda fuera lápiz. De ese modo, las líneas que comenzaran en sus caderas y terminaran entrando hasta su pantorrilla, le hubieran dado una ilusión óptica de triángulo invertido, lo que la hubiera favorecido mucho más. 
  3. El cuello del vestido, que es cuadrado o sabrina (lo sabríamos si estuvieran destapados los hombros), corta su figura lo que secciona su parte superior y como resultado vemos un cuello mucho más corto sin una profundidad que le de altitud. Si vemos el de Melania, no lleva por debajo del traje nada que interrumpa el escote en V que hubiera hecho una diferencia enorme en el caso de Maria Juliana por ser más baja. 

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Para terminar. Es innecesario el bullying hacia la firma Leal Deccarett quienes tuvieron que salir a justificar su diseño como si pidieran disculpas. Ellos se arriesgaron y no lo lograron, no es que hayan comenzado la tercera guerra mundial. De eso se trata la moda: de experimentar, probar, lanzarse al ruedo y confiar en el talento. Una mala experiencia no debe condenarlos. Mucho menos cuando es claro que una de las intenciones de la Primera Dama, Maria Juliana Ruíz, es ayudar a impulsar la industria de la moda nacional.

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