Marcas latinas – Pepa Pombo

La consolidación de un diseñador no siempre suele ser tener un desfile en París, aunque es innegable el impulso que merece desfilar en las grandes semanas de la moda, hay otros caminos que llegan a la cima de la montaña. Pepa Pombo, colombiana, diseñadora y una encantada por el arte visual, ha logrado lo que pocos sin tener la visibilidad que en muchos parece una maldición.

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Su tienda fue abierta en 1978. Al regresar a Bogotá, una ciudad fría, lluviosa y lúgubre, los matices de grises crearon en ella una necesidad de reaviviar la vida desde la explosión del color y las formas visibles, enseñar a las mujeres que, si bien, vestirse de acuerdo con el clima es una condición de las buenas prácticas indumentarias, también lo es reflejar con nuestro estilo, lo que pasa en el interior. Su misión fue clara y sus herramientas le dieron la autenticidad que buscaba: con prendas de punto, materiales inexplorados y decisiones arriesgada, comenzó a crear una cultura de lo nacional y lo ansestral como signo de vanguardia. 

En una entrevista para el diario El Tiempo, recordaba que siempre tuvo una gran inclinación por el tejido y que desde pequeña, se fascinaba con todas las telas que se le pasaban por los ojos (cortinas, manteles, pañuelos…) y era inevitable alargar su mano para sentir con las llemas de los dedos la textura. Fue ahí cuando las ideas anacrónicas empezaron a surgir y, por ejemplo, empezó a fabricar telas que mezclaban hilos de lana con seda, porque si a algo le debe su éxito, es al compromiso con el que ha enfrentado su negocio; Pepa fabrica sus propias telas, traza los patrones, genera ideas nuevas y no se guía por las tendencias internacionales sino por el pulso tomado en las calles de la ciudad. Fue así como empezó a ser reconocida y hoy es pura marca latinoamericana. Como expone la teórica de la moda Vanessa Rosales, su impronta es el chic caribeño, las raíces, la identidad nacional. 

Es por ello que su aterrizaje en las tiendas Bergdorf Goodman en la Quinta Avenida de Nueva York marcó un momento de leyenda en su carrera que ya tenía un background de más de treinta años. Todo lo que ubica en el mercado internacional, se vende.

Sus acabados son casi perfección y ha recorrido el mundo con sus diseños y su estrategia que juega más con una comunicación íntima con su clientela que una masificación del registro de marca. 

Su estilo y la marca de sus conjuntos es sencillo pero con una gran compejidad en la confección de la materia prima, es difícil encacillar a una diseñadora que ha hecho lo posible por balancear una complejidad prudente que termina en estampados poderosos, relieves delicados (de una conceptualidad que recuerda a japoneses como Miyake) y prendas que nunca dejan de transmitir elegancia. La marca Pepa Pombo, que ahora está dirigida en gran parte por dos hijos, siguen conservando la esencia de lo artesanal, la dulzura de un caribe romántico y la fuerza de una vanguardia femenina emergente.

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