Lo bueno, lo malo y lo feo de Next in Fashion

No hay muchos reality shows dedicados a la industria de la moda, pero los que han existido, sin duda, han dejado huella en nosotros como espectadores, solo por mencionar dos: American Next top Model o Project Runway, ambos fueron innovadores y relevantes en su momento porque permitían echar un vistazo a cómo funciona las profesiones de modelo y diseñador. Ahora Netflix, nuestro nuevo mejor amigo, incursionó en este género y para eso recurrió a dos figuras queridas, la siempre admirada y pionera influenciadora, Alexa Chung, y el encargado del estilo en el squad del programa Queer Eye, Tan France. En este post queremos destacar lo bueno, lo malo y lo feo de Next in Fashion.

Lo bueno

La variedad en los perfiles y experiencias de los diseñadores es interesante, algunos han recibido educación formal por parte de las escuelas de moda más prestigiosas como Central Saint Martins en Londres, pero otros son empíricos y cada uno articula una estética muy específica, incluso cuando los retos proponen un tema único, se ven toda clase de creaciones, algunas más vanguardistas, otras minimalistas y otras barrocas. El show ilustra bien el adagio popular de «en la variedad está el placer».

La química entre los conductores es vivaz, creíble y dinámica, ambos tienen conocimiento y experiencia en la industria, así que sus apreciaciones son valiosas, así como sus segmentos cortos donde ofrecen consejos, demostrando que cada vez se busca más que el contenido aporte valor y se relacione de manera directa con los consumidores.

Los jurados, algunos invitados y otros fijos como la estilista Elizabeth Stewart, aportaban opiniones vinculadas con la realidad de la industria, se enfocaban en atributos como la innovación, la usabilidad y la calidad en la confección de las prendas.

Otro aspecto positivo es el ambiente en el que se desenvuelve la convivencia, los participantes aunque tienen roces y discusiones apenas naturales del trabajo en equipo o la presión del tiempo, en realidad logran desarrollar lazos de cariño, apoyo y generosidad, no promueven conductas como el rumor, el chisme o la crítica destructiva.

Finalmente la producción de los desfiles se esforzó por ser lo más cercano a un show actual, no solo con los modelos, sino también con la productora, la música, las luces, etc.

Lo malo

Al programa le cuesta despegar y ganar ritmo, varios diseñadores no están a la altura de la premisa definida para la competencia de encontrar al próximo gran diseñador de moda y honestamente menos de 3 podrían compartir el podio con figuras de la talla de Nicolas Ghesquière o Virgil Abloh, quienes reinventan la industria constantemente.

Algunos jurados parecían invitados aleatorios, puesto que no aportaban ideas pertinentes para las temáticas elegidas, así mismo la inconstancia de un panel central fijo reduce la oportunidad de evaluar lo más objetivamente posible la evolución y el proceso de los concursantes. En algún episodio los jurados no logran llegar a un acuerdo y arman controversia con eso.

Los conceptos estéticos elegidos están bastante vistos y trillados, tal vez es para generar identificación con los televidentes, pero volvemos a lo mismo, si la idea es premiar la innovación, la siguiente novedad en la moda, pues el planteamiento se sigue quedando corto.

La ronda donde trabajan en equipo es larga, el show se vuelve más emocionante cuando por fin podemos conocer sus estilos y propuestas individuales, entonces la primera mitad se puede ver mientras uno hace algo más y solo se acompaña con el sonido del televisor.

Lo feo

Hay looks desastrosos en algunos episodios, aunque la belleza depende del ojo de quien la mire, hay ensambles muy desafortunados que no remiten a diseñadores con experiencia y bien posicionados en el mercado o siquiera con un punto de vista claro como creador.

En las imágenes de promoción usaban la presencia de figuras de la moda como Tommy Hilfiger o Eva Chen, pero su participación aunque es significativa, es realmente breve.

El premio de 250 mil dólares cortesía de Net-A-Porter, patrocinador del show es poco, si lo comparamos con el premio de 1 millón de dólares que ofrecerá Amazon Prime Video en su propio reality de moda denominado Making the Cut con Heidi Klum y Tim Gunn, quienes abandonaron la franquicia de Project Runway.

Si bien cada capítulo, que representa un desafío, muestra a los diseñadores compitiendo, a veces la duración del programa y el ritmo se vuelve monótono teniendo solo una visión del estudio que se convierte en pasarela o salón de peinado y maquillaje según lo que se necesite. Se hace aburrido cuando no se sale a la calle o se refresca la narrativa con otros elementos audiovisuales que lo hagan más dinámico.

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