La moda ya es solo copia: lo dice Marc Jacobs

Voy a hablar de Marc Jacobs pero antes tengo dos teorías: la primera consisten en pensar que se acabaron las ideas, ya es muy obvio que en la industria de la moda lo nuevo resulta ser o muy estrambótico (como tener un outfit al estilo cama como se muestra en la colección de Viktor & Rolf del 2005), tanto que no puede ser utilizada en la calle y termina siendo una expresión artística del autor, o muy conceptual, cosa que nos lleva a la segunda teoría: que la industria de la moda hoy se preocupa más por acercarse desde las pasarelas a un arte social crítico y más contemplativo que a una manera de decirle a la gente cómo vestirse. Un ejemplo de ello son las creaciones de Rick Owens que ya nos prepara para esperar shows de moda que se salen de lo convencional y parecen más trajes para esperar el Apocalipsis.

Lo que no es imposible de utilizar, entonces se convierte en un sistema de referencias históricas que en el algún momento se va a tener que dejar de llamar «reminiscencia» o «inspiración», para pasar a ser una copia y no más. De hecho, el primer paso lo dio hace algunas semanas Marc Jacobs cuando salió a decir que va a ser una colección exactamente igual a la «Grunge» que presentó para en 1993 cuando diseñaba para Perry Ellis pero ahora será para su propia marca y lleva el nombre de Redux Grunge. Ustedes mismos pueden ver las dos propuestas:

Izquierda Marc en 2018 - Derecha Marc en 1993
Izquierda Marc en 2018 – Derecha Marc en 1993
Izquierda Marc en 2018 - Derecha Marc en 1993
Izquierda Marc en 2018 – Derecha Marc en 1993

Esta decisión es sin duda una revolución para el mundo de la moda porque Marc Jacobs está validando la idea de que el pasado vuelva de manera literal a los armarios. Que colecciones como la Grunge de 1993, por la que Marc fue despedido de Perri Ellis (buena venganza ¿no?), y que fueron el inicio del estilo de los años noventas que eligió la comodidad y la combinación un poco caprichosa de estampados, tipologías y materiales, vuelvan a estar en las calles como si fuera Nueva York una vez más o París de 1924 de nuevo.

Esto también representa varios desafíos: por un lado tenemos que si tu madre fue fashionista y vivió en la gran manzana, seguramente tiene el mismo vestido que está vendiendo Marc hoy. Así que solo tienes que ir corriendo al armario de tus tías y de tu madre a rebuscar la marca Perri Ellis y cruzar los dedos porque sean la misma talla, cosa que te llevará al vestido original del vestido original ¿paradoja?

Por otra parte, ¿de quién son las colecciones, del diseñador que las concibe o de la marca que las respalda? si son de los diseñadores, entonces Alexander Wang, por ejemplo, prácticamente puede en cinco o diez años reproducir para su firma alguna de las pasarelas que trabajó para Dior y entonces tendríamos que la figura del diseñador tomará otra importancia y hasta podrá vender sus colecciones anteriores para que sean reproducidas por terceros. Si paso algo de esto, esperemos en el futuro interesantes batallas legales. Moriría por ver las elecciones de Tom Ford o de Phoebe Philo en la corte. 

Si en cambio las colecciones pertenecen a las firmas, osea, a los perversos grupos corporativos, entonces los diseñadores tendrán que firmar contratos cada vez más restrictivos en cuanto a libertad y más esclavizantes porque la figura del diseñador perderá peso frente a las asociaciones económicas que en los últimos tiempos no hacen más que despedir diseñadores talentosísimos solo por el hecho de no vender los millones que quieren privándonos de ver en qué se convierte la moda en mano de los visionarios y vanguardistas. 

Otra de las implicaciones es la inspiración, o cómo lo llama la revista S Moda de El País, la versión «low cost» de las prendas. 

A la izquierda el exitoso bolso Piercing de J.W. Anderson y a la derecha la copia de Uterqüe. Foto tomada de S Moda El País.
A la izquierda el exitoso bolso Piercing de J.W. Anderson y a la derecha la copia de Uterqüe. Foto tomada de S Moda El País.

La libertad que ha conquistado la industria de la indumentaria hace posible que ya todo lo hayamos visto en las pasarelas y en las tiendas, desde la llegada del nuevo milenio, se han desdibujado todo tipo de normas que dictan leyes universales de vestimenta y la categorización es la virtud: se puede dividir a la gente no por elegante/ordinario o a la moda/rezagado, sino que se entiende que puedes ser hipster, glam, grunge, urbano, deportivo y así seguimos diferenciando las elecciones estilísticas y aceptándolas todas, al menos en la teoría, porque nadie quiere pasar por discriminador. 

¿Se han acabado las ideas? no sé ustedes pero a mí me suena que todos estos cambios son tan inesperados como prometedores. A lo mejor podremos de nuevo poder comprar prendas como el vestido Modrian de Yves Saint Laurent, el vestido Delfos de Mariano Fortuny o el mismísimo y original vestidito negro de Coco Chanel y van a dejar de ser piezas de museo para volver a estar en las vitrinas.

Mientras soñamos con las posibilidades de esta nueva puerta que se abre, los dejo con las dos colecciones de Marc Jacobs para que comparen y se encanten. 

 

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