Cuando todos elegimos lo mismo para ser diferentes

biker amarillaNo hemos parado de sentir gracia por la polémica que ha generado la biker amarilla de Zara que ha causado revuelo en las redes sociales estas últimas semanas. La discusión es digna de analizar porque es justo y exactamente el paradigma de nuestra década: ser diferente comprando lo mismo.

No seamos evasivos. Hoy, el deseo por tener ropa de marca en nuestros armarios está llegando a límites insospechados. Un vestido utilizado por Chiarra Ferragni se vuelve pan de dulce en las tiendas, en los copistas y hasta en los que se animan a pedirle a la tía que cose (como en los viejos tiempos) que les hagan una réplica, siempre sabiendo que el que vale es el original, pero si no tenemos el dinero, el intento vale.

Si Olivier Rousteing hace una colección épica de Balmain para H&M que será de “bajo costo” (aunque resulte no serlo) y que se lanza en un súper desfile al estilo Zoolander en Nueva York con las top model más famosas del momento, las filas en las tiendas van a alcanzar cuadras y cuadras de fanáticos que darían un dedo de la mano por una de esas chaquetas con taches y tendencia militar.

Si Miley Cyrus, Taylor Swift y Selena Gomez por casualidad utilizan el día mismo un Top Crop, al otro día o con suerte el mismo, se va a inundar Instagram y las revistas proclamando el nacimiento de un nuevo “must have”.

Hay que ser bastante cínico para caer en ese círculo de valor comercial y desvalor personal. El problema de la chaqueta amarilla es que es un color poco común y puedes ver que otra persona la tiene a kilómetros de distancia, pero… ¡HEY!, pasa todo el tiempo. Shakira se encontró a Pink en una alfombra roja utilizando el mismo vestido, o Maribel Verdú y Anna Wintour con un conjunto de Dior, o Jennifer Lopez, Liberty Ross y Lily Cole que les dio por usar un vestido muy ceñido con un azul brillante y transparencias intercaladas de Tom Ford, o Kylie Jenner y Eiza González con el vestido de Nicolás Jebran que si lo tuvieran dos millones de personas en el mundo, seguro te encontrarías con alguna cada tres cuadras si caminas por tu barrio.

¿Saben cuáles es la diferencia?, que es muy poco probable que compres un vestido de 6 mil dólares para salir a la calle y en el subterráneo te encuentre con otra mujer con el mismo vestido. Le pasa a las celebridades y ahora que le “pasó” a la gente común, entonces es toda una revolución.

Las ilusiones con este tema son algo vanas y evidencian la necesidad de la marca en la vida de la sociedad actual. Zara es lo más barato entre lo cotizado, si hicieron más producción de la que debían y todo se acabó, entonces los de la suerte fueron los de Zara que se marcaron un best seller y los de la mala fueron los blogger que creyeron que iban a ser furor con esta pieza única, lo hicieron, pero no en el mejor sentido de la moda.

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