La magia del estilo mafioso en el cine

Uno de los modelos del vestir masculinos que más hizo hincapié durante el siglo XX, justo después de la llamada por los sociólogos de la moda «la gran renuncia masculina», fue el renombrado estilo gánster. Aprovechamos que se estrenó en Netflix la película El Irlandés con dos grandes figuras, Robert de Niro y Al Pacino, que cada tanto repiten su rol como mafioso italo-americanos o, en este caso, americo-irlandés para hablar un poco de esos hombres bien vestidos, coquetos, peligrosos y con muchísimo dinero debajo del colchón que estereotiparon al malvado elegante y poderoso.

Lo primero es saber que la industria del cine abultó de sangre los trajes, de pistolas los autos y de cigarrillo los bares haciendo de este tipo de individuos una figura reconocible en todo el mundo. La tradición del buen vestir italiana siempre ha sido tenida en cuenta por sus calzados hechos a mano y sus trajes a medida que encarnan la visión de un hombre que logró conquistar América a punta de una gran familia de asesinos y una visión estelar para el contrabando de drogas, de armas, la construcción de casinos en Las Vegas o cualquiera sea el origen -siempre ilegal- de un dinero destinado a la oscuridad.

El padrino, por supuesto, a cargo de Francis Coppola en 1972, consolidó esta tradición al filmar una obra de arte que tuviera todo el atractivo necesario para amar y odiar al mismo tiempo a Vito Corleone, un tipo que es mejor tenerlo de amigo. No solo el reparto fue de primera categoría contando en la saga a Robert de Niro, Al Pacino, Marlon Brando, Diane Keaton, Roberto Duvall, Andy García y a la mismísima Sofía Coppola, sino que la historia, la dirección y todos los elementos técnicos, incluido el vestuario que en la primera entrega estuvo a cargo de la nominada al Óscar Anna Hill Johnstone fue exquisito.

Pero hay que remontarse a dos precedentes importantes para descubrir el éxito del gánster americano. El primero de ellos es la película Scarface de 1932 producida por Howard Hughes, sí, el tipo que interpreta Leonardo DiCaprio en El Aviador y cuyo protagonista, Tony Camote, un asesino que asciende en la mafia de Chicago matando a sus rivales, también a uno que otro aliado hasta llegar a la cima, se vuelve el más odiado.

El segundo antecedente es el estilo Dandy inglés. Hombres refinados (muchas veces acusados de homosexuales) que desprendían un encanto social a partir de sus elecciones que se salían de la seriedad ortodoxa e incluían coloridas flores en la solapa, sombreros e incluso bastones con mangos de oro o plata solo como objetos decorativos. Muestra de ello tenemos a Oscar Wilde.

Entonces podemos decir que el estilo mafioso instaurado es un encuentro entre los hombres que quieren destacarse socialmente vistiendo lo mejor que el dinero puede comprar y haciéndolo notar para ser diferentes y la rudeza de un líder mafioso que quiere verse siempre impecable, intimidar y denotar que su poder lo acompaña en los escenarios donde es retratado (grandes mansiones, restaurantes de lujo y hoteles despampanantes). También es una escala de clases. Pensemos que un traje no tiene muchas variaciones en su forma por lo que el nivel lo suben la calidad de los materiales, los accesorios y todo complemento de fina coquetería que incluya oro, plata u otro material precioso.

Ahora veamos lo infaltable en un estilo gánster y su significado:

Sombreros.

En realidad era un complemento obligatorio hasta mediados del siglo pasado. No hay un sombrero específico para ser gánster, eso lo dará el contexto donde se desenvuelva. Lo que sí podemos mencionar, es que luego de que dejara de ser necesario, se podía utilizar un sombrero para difundir la identidad de quien lo usaba. Era un elemento que ayudaba a pasar desapercibido y a distraer la atención de una cara descubierta. Diríamos que hoy, con tantas cámaras en el mundo que nos vigilan, no estaría de más un buen sombrero de feltro, una boina o un fedora para los actuales mafiosos.

Imagen de la película Los Intocables de 1987 en donde se representa una lucha entre Al Capone y agentes justicieros.

Solapa distintiva.

Así como en la antigüedad la manera en que se amarraban las togas era la indicación de su estatus social o político o la prohibición en tiempos de Luis XIV de que cualquier persona que no fuera cortesana utilizara zapatos con suela roja, los mafiosos recurren a accesorios que sean especiales y exclusivos. En algunas ocasiones son anillos que representan una tradición familiar -asimilando la costumbre del anillo papal que data de antes de 1200 o los anillos de los emperadores que se utilizaban para sellar la correspondencia privada- y en otras, como la representativa de Corleone, es una flor roja en la solapa. Lo que quiere decir es que es él quien manda, que no tiene competencia y que es la cabeza clara de la organización. Liderazgo por aspiración.

Marlon Brando llevando una flor en la solapa en su interpretación del mafioso Vito Corleone

Mucho gel.

El peinado es crucial. Seamos realistas, en los lugares cerrados no queda bien utilizar sombrero -tampoco lentes oscuros- y cuando un mafioso se quita el sombrero, lo que debe haber debajo tiene que representar sus valores: prolijidad, seriedad, orden. Es por eso que lo más seguro es el tradicional cabello hacia atrás inamovible. Un manifiesto que dice «conmigo no se juega». Además de mantener una imagen constante ya que no sería muy efectivo tener un estilo diferente cada semana. La gente puede confundirte con otro y no es nada recomendable. También está relacionado con no ser vinculado con trabajo sucio.

Robert de Niro y Joe Pesci en la película Casino de Martin Scorsese

Trajes impecables.

Ya lo habíamos dicha arriba. El traje también se puede diferenciar, hay trajes de trajes y a leguas se nota cuando uno de ellos le queda a la perfección a su portador. Es allí cuando el valor de la estética emerge con toda la fuerza masculina. Un gánster siempre debe tener trajes que lo dfierencien y, más que eso, mantenerlos pulcros en todo momento. Este rasgo de la vestimenta no solo se reduce a la mafia, también a Wall Street, a círculos de abogados y políticos. Sin embargo, todos los individuos en estos ámbitos comparten un común denominador: habla de que fueron personas con carencias que con trabajo duro -legal o ilegal-, lograron triunfar y quieren que se les reconozca por ello demostrando superficialmente -a partir de la indumentaria- que su silla siempre estará unos escalones arriba.

Imagen de la película «Masacre en San Valentín» de 1967 con Al Capone una vez más como personaje principal.

Una gabardina.

Está claro que una gabardina es indispensable por todas esas noches en que tendrás que salir a ajustar algún negocio que vaya mal. Ya que la mafia sobre todo pasa -cinematográficamente- en lugares fríos como Chicago o Nueva York en invierno, la gabardina tiene múltiples facilidades: ayuda a esconder armar de fuego, protege del inclemente clima, si hubo algún inconveniente que involucró sangre en el traje, la gabardina siempre lo va a cubrir -por ello hay que tener cuidado de no ensangrentar la gabardina- y también permite pasar desapercibido y usar la oscuridad de la noche como protección para el típico mafioso.

Sean Pean en la película Gángster Squad del 2013.

Siendo estos algunos de los principales elementos que distinguen a un mafioso, que, como podemos ver, es un arquetipo generado por Hollywood ya que hoy tenemos otros tipos de mafiosos como los capos del narcotráfico cuyo estilo está más arraigado a climas cálidos y tropicales, ya se puede ver que la fórmula empieza a volverse demasiado común para tener enganche. Sin embargo, es una de las variaciones en historia de la vestimenta masculina que ha interesado a miles de personas en todo el mundo al tratar por medio de estos códigos del vestir, asumirse con los atributos de estos malvados: valentía, coraje, estómago duro, audacia, malicia, inteligencia y un gran talento para hacer el mal. El poder de la ropa al servicio de la configuración social de los imaginarios. Habría que agregarle accesorios como una chica muy linda y ligera de ropa, un auto muy top, una mansión y un pasado de sufrimiento.

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