El ADN de las marcas · Nina Ricci

Nina Ricci puede ser nombrada como una de las más grandes diseñadores del siglo XX al lado de nombre como Coco Chanel, Cristobal Balenciaga o Christian Dior, sin embargo, la poca popularidad de su historia se entiende a partir de su vida, sufrida, utilitaria y sobre todo, alejada de toda prepotencia innecesaria. 

Nina Ricci
Nina Ricci

Nacida con el nombre de María Nielli en Turín, Italia, fue hija de un confeccionista de zapatos. El padre mudó su negocio a Monte Carlo y al poco tiempo murió, dejando a la familia sumida en la tragedia. Ante la eventualidad, la madre de las Nielli se muda a París y allí comienza María a trabajar como costurera con solo 14 años. 

Su dedicación, pulcritud y voluntad la llevaron a ser a los 22 años la jefa del taller. También joven conoce a Luis Ricci, hijo de un joyero florentino con quien se casa y adopta su apellido pasando a ser María Ricci. Entre los historiadores existe el debate del origen del apodo Nina. Unos lo atribuyen a que era un sobrenombre que tuvo de niña y otros a que fue pensado a partir de un juego entre su apellido y el de su marido. 

A los 23 años tiene a su hijo Robert, una pieza fundamental de su posterior firma y a la edad de 25 comienza a trabajar para la firma Raffin por un poco más de dos décadas. Ese ese momento en el que comienza la historia de una marca interesante por el camino de concepción y desarrollo. 

Nina tenía 49 años cuando su hijo Robert, quien había estudiado marketing, le propone crear una firma de moda. Ya su madre tenía una amplísima experiencia en la costura y una visión concreta del tipo de mujer que quería vestir. A Nina no le interesaba la aristocracia. Lo que la movía a crear era la burguesía. 

 

En 1932 la fusión madre-hijo se lanza al mercado con un éxito instantáneo. Nunca antes en la historia de la moda se había conocido un modelo de negocio familiar tan completo como el que representaba Nina a cargo de la producción creativa y Robert en los negocios. 

La firma tuvo su década de gloria llegando a pasar de 50 empleados a casi 500 en poco más de siete años. La clientela de Nina crecía como la espuma y la innovación romántica de una clase media alta que quería imitar pero al mismo tiempo desafiar a las altas esferas, encontraron en el negocio Ricci el balance perfecto. 

 

El estilo de Nina Ricci es femenino hasta la última hebra, sencillo para poder destacar la mujer que usa el vestido y lleno de detalles de un mundo sacado de cuentos de hadas e historias de amor. Moños, lazos, drapeados, cintas delicadas, cinturas de avispa, hombros destapados y escotes estructurados fueron parte del inventario de la firma y lo sigue siendo.  

La metodología de Nina era también diferente. Trabajaba sobre los maniquíes directamente y luego pasaba al cuarto de prueba donde se hacían dos fitting con las clientes. Era eso suficiente para tener un acabado preciso y un proceso artesanal completo. Era ella el principio y fin de todos los diseños, de hecho, fue ese el trato con su hijo cuando se asociaron, que ella tomara todas y cada una de las decisiones de diseño. Tanta era la confianza en su propio talento (cosa que le sobraba en sus cincuentas) que vendía sus patrones para ser reproducidos en zonas rurales de Europa o en Australia. Hecho que se convirtió en los primeros indicios del ready to wear o producción serial de los diseños que tanto celaban los demás diseñadores. 

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Un ejemplar del perfume L’Air du Temps

Su consolidación en el mercado vino sin embargo de la mano de su perfumería. Coeur-Joie fue lanzada en 1946, una etapa en la que las firmas comenzaron a confiar en los perfumes como medio de solventar la crisis económica que estuvo ligada a la segunda guerra mundial y luego vino el archifamoso L’Air du Temps, con un botella diseñada por el gran Renè Lalique convirtiéndose en el segundo perfume más vendido en la historia después del Chanel No. 5. 

A lo largo de la historia, Nina Ricci se ha adaptado a los tiempos y su visión democrática de la moda la ha alejado de leyendas como las de Lanvin, Balmain o Vionet, sin embargo, es uno de los nombres más interesantes al vincular a la industria de la moda con los movimientos sociales y las clases en la primera mitad del siglo XX. Sin importar los diseñadores que han seguido en la firma, todos han conservado la sencillez del objetivo de la firma, el romanticismo amoroso más tradicional y la igualdad de mujeres que con poco, pueden ser lo que quieran. 

Hoy son Rushemy Botter y Lisi Herrebrugh los directores creativos que llevan la firma a una contemporaneidad leída desde la funcionalidad de las prendas, las mujeres trabajadores y una feminidad fuera de críticas. 

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