Dress code: ¿Discriminación o Distinción?

Una de las preguntas más habituales cuando recibimos una invitación o queremos ir a algún lugar es ¿cómo debo ir vestido? A eso le llamamos Dress Code o código de vestimenta. Varía dependiendo del lugar, de la ocasión o incluso del capricho del anfitrión, pero siempre nos queda la duda antes de salir de casa si vamos bien o por el contrario, pasaremos una vergüenza pública al saber que somos los únicos “fuera de lugar”. Ese es el tema que desarrollaremos hoy: ¿por qué si la libertad para expresar nuestra personalidad es un derecho, tenemos miedo a estar mal vestidos?

Cuenta la leyenda que en 1922, Albert Einstein fue galardonado con el Premio Nobel de Física por sus avances en el Efecto Fotoeléctrico, sin embargo, y pese a saber la importancia de este premio, no quiso asistir a la ceremonia de entrega porque no quería utilizar un smoking. El código de vestimenta no era lo más cómodo y por ello no canceló el viaje que tenía previsto para ir Japón y plantó a los reyes suecos y a la Real Academia Sueca. Lo curioso del asunto es que tiempo después, en medio de algunos problemas económicos, decidió ponerse el traje a solo efecto de ir a recibir no solo el premio, sino el casi millón de euros que viene con la medalla. 

Maria Antonieta fue la primera en fusionar sus ideas personales con su indumentaria en la corte francesa para reformar los códigos de vestimenta y el fin de la ropa.
Maria Antonieta fue la primera en fusionar sus ideas personales con su indumentaria en la corte francesa para reformar los códigos de vestimenta y el fin de la ropa.

Esta anécdota, real o no, nos hace pensar en la importancia de ajustar nuestra vida a normas y marcos referenciales durante toda nuestra existencia. Hoy pregonamos la libertad que hemos alcanzado, pero nos sigue ocurriendo que no nos dejan entrar a una discoteca si estamos “mal vestidos” por la frase famosa “nos reservamos el derecho de admisión”. En restaurantes de alto perfil es usual, aunque cada vez menos, que la tiranía vaya a extremos de no permitir que las personas entren con zapatos descubiertos o con bermudas en el caso de los hombres para lo que muchos lugares tienen un armario lleno de sacos que prestan sin problema al comensal que no se haya percatado de la exigencia. Esta es una solución rápida y fácil pero que nos sigue diciendo que si no tienes tales elementos, no podrás acceder a tales beneficios. 

Gigi Hadid y Zayn Malik en la gala Met, una alfombra temática.
Gigi Hadid y Zayn Malik en la gala Met, una alfombra temática.

Empecemos con lo malo: 

Es discriminación directa. Pese a que muchos lugares cuidan la estética de sus recintos ya que a ella va atada una visión estilística del servicio, la marca clasista de la selección de clientes se convierte en una tortura para aquellos a los que no les cabe la idea de las normas. 

Las óperas, algunos teatros, los matrimonios, o las galas tienen necesariamente un código de vestimenta estricto que nadie se puede dar el lujo de romper por no ofender  los demás. Es decir, que debes meterte en la idea de indumentaria de una institución a la que estás pagando dinero para disfrutar un concierto o que debes hacer lo imposible para conseguir un frac si el papel que te toca es el de padrino de bodas. 

Ahora bien, ¿quiénes son aquellos a los que no les cuesta mucho tener un traje o incluso alquilarlo? las personas con un poder de adquisición importante. La intención, al final del día, es parecer o comportarnos como una versión nuestra elegante, glamurosa y estilizada ya que son prendas que hoy se utilizan para ocasiones muy especiales así que no vale la pena tener un traje guardado que solamente utilizamos cada tres años cuando un amigo se casa. 

Pharrell Williams y Helen Lasichanh en la entrega de premios Óscar en 2014.
Pharrell Williams y Helen Lasichanh en la entrega de premios Óscar en 2014.

Muchos podrán decir que lo bonito de las ocasiones especiales es que todos vayan emperifollados. Sí, pero la refutación a ese argumento es la necesidad de imitar a una clase oligarca de la que renegamos todo el tiempo. El Código de Vestimenta se utiliza en Europa desde la Edad Media con la constitución de las cortes. Tanto era la necesidad de distinción por rango y estatus social que, por ejemplo, solo el rey de Inglaterra podía utilizar el color morado en su corte. 

La sociedad está muy preocupada por parecer, y eso lo vemos todo el tiempo en los modelos aspiracionales de la juventud que tiene en su mano la revuelta, es así como celebramos decisiones como la de Pharrell Williams de ir a la entrega de los premios Óscar con bermudas, pero también debemos saber que no todos somos Pharrell y que el hecho discriminatorio de prohibir la entrada por la ropa, es una muestra de intolerancia social promovida por la industria de la elegancia. 

Terminemos con lo bueno:

Algunos teóricos de la sociología ven en los códigos de vestimenta una forma de, irónicamente, combatir la discriminación en ciertos lugares privados de uso público como el colegio. En los Estados Unidos, al igual que Argentina y otros países, las escuelas públicas no imponen un uniforme a sus estudiantes, lo que permite distinciones en base a la capacidad económica de adquirir ropa. Por otra parte, la uniformidad de todo el cuerpo estudiantil lleva a una homogenización de la conducta, no son estudiantes libres e independientes, sino agentes que representan a una institución. Lo mismo pasa con las fuerzas armadas, vestimentas en hospitales, etc. 

Otro de los argumentos de la uniformidad es que, por ejemplo, en muchas zonas se puede ver la ropa “urbana” como un símbolo de la violencia y las organizaciones al margen de la ley como pandillas y narcotraficantes, entonces, tener un manifiesto tan explícito culturalmente, puede obstaculizar las relaciones de individuos que están en un aula de clases para aprender a pensar y a construir ideas propias sobre el mundo. 

Björk imponiendo su propio estilo en la alfombra roja de los Óscar, uno de los eventos más restrictivos en cuanto a libertades indumentarias.
Björk imponiendo su propio estilo en la alfombra roja de los Óscar, uno de los eventos más restrictivos en cuanto a libertades indumentarias.

Por último, una de las ventajas de los códigos de vestimenta para ocasiones sociales, es lo que yo llamo el efecto Cenicienta, vivir un sueño. Personas del área de la filosofía o sociología repiten que la vida es insoportable y por ello buscamos escapes a nuestra realidad. Esos escapes son fantasiosos en cuanto todas las vidas tienen dificultades más o menos profundas, entonces soñar con la irrealidad es la ruta de escape. Sentir que por una sola noche podemos ser las personas más atractivas, bellas, importantes, influyentes y miradas del mundo, alivia nuestro yo interior.

La moda vende fantasía y nosotros la compramos sabiendo o no el juego que nos propone. Los códigos de vestimenta funcionan también como un paraíso en el que los invitados son los dioses dedicados al placer hedonista, algo que por muy cuestionable que sea, no deja de ser una manera de disfrutar la vida. 

Ahora que hemos terminado nuestro análisis, queremos conocer sus opiniones, ¿los códigos de vestimenta son discriminatorios o distinciones?

Gabriel García Márquez rompió el protocolo de la ceremonia de entrega del premio Nobel de Literatura al aparecer con una guayabera, mas cerca al estilo de la Reina de Suecia que de los caballeros.
Gabriel García Márquez rompió el protocolo de la ceremonia de entrega del premio Nobel de Literatura al aparecer con una guayabera, mas cerca al estilo de la Reina de Suecia que de los caballeros.

 

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