La depilación masculina, un tema de igualdad y machismo

Una mujer depilada es la normalidad, pero, un hombre depilado inaugura el debate: ¿qué significa hoy que un hombre haga uso de la depilación en piernas, pecho, abdomen, espalda, axilas y, en definitiva, todas las áreas de su cuerpo excepto la cabeza y la cara? ¿qué dice de él mismo? ¿qué quiere proyectar?

Diferentes culturas en la historia han utilizado la depilación como una mejora de la apariencia personal. Lo hacían los griegos, los romanos, los egipcios y las monarquías europeas que vieron el punto máximo de esta práctica en el reinado de Elizabeth I.

Como conocemos hoy la tradición, esta empieza en las dos primeras décadas del siglo XX cuando las flappers parecían volar por los clubs de Londres, Berlín o París y el dobladillo de los vestidos comenzó a subir hasta los tobillos y las blusas tenían tiras en vez de mangas. Es allí cuando las mujeres comienzan de nuevo a remover de manera masiva los vellos, en esas partes ahora visibles, por cuestiones estéticas.

Se fue perfeccionando la técnica y en el siglo XVIII, como nos comenta la revista Expo Beauty, se crea la primera máquina de afeitar muy parecida a la que conocemos. Fue en 1903 cuando Gillette inventó la máquina con hojas intercambiables y en 1940 la máquina eléctrica. En los años sesentas, con la popularizazión de la minifalda de Mary Quant o André Courrèges (la polémica todavía está caliente), ya la depilación era una regla de belleza.

Hoy es algo muy habitual, pero este rasgo y el incremento de los hombres que eligen depilarse expone una dualidad social en cuanto al objeto del deseo y la construcción de la fantasía sexual entre hombres y mujeres en aspectos que quiero explicar:

Por una parte, a pocos hombres les gusta las mujeres con piernas llenas de pelos. No es apetecible, al contrario de ello, es una imagen repelente siendo esta una elección estilística que no define la “feminidad” sino una moda que ha durado demasiado para los ciclos básicos del estilo. Es una costumbre que ya no cuestionamos, o, al menos, el consenso dice que ellas deben llevar las piernas lisas. 

La sección ACV de El Confidencial hizo un sondeo con ocho mujeres más o menos reconocidas en sus profesiones y solo una opina que los hombres deben depilarse de manera íntegra, ¿la razón? Exclusivamente deportiva. Se sabe que en deportes como la natación o el ciclismo es fundamental ir sin vellos para evitar futuras infecciones por caídas o porque se disminuye la velocidad, en el caso de nadar. Las siete mujeres restantes votan por que no se depilen, aunque tienen sus cláusulas: vellos recortados, que no sea antihigiénico y nada de pelos en la espalda, solo en el pecho, abdomen y piernas.

Entonces, ¿por qué resulta atractivo un hombre con vello y no una mujer?

La respuesta son las convenciones sociales, esos roles y atribuciones tanto estéticas como estilísticas de los tiempos en los que el estereotipo de belleza era dictado a raja tabla. Por mucho que se llame a una revisión igualitaria de la relación entre hombres y mujeres; esto es que las mujeres tengan las mismas oportunidades que los hombres, también incluye el sistema de la moda y debería acercarse al absoluto.

A una mujer le puede gustar el vello porque es sinónimo de hombría; buscan en un hombre con vellos lo salvaje, lo animal, lo carnal en una relación donde ser poseído por alguien que parezca puro instinto y sensualidad es la fantasía máxima. Buscan en la apariencia de los hombres lo mismo que desean eliminar del panorama los feministas más radicales: la imagen del macho todopoderoso.

Ahí tenemos una contradicción: el deseo no se ha vuelto tan feminista como parece y me recuerda el capítulo de Sex and the City donde Charlotte sale con un hombre delicado que viven en Chelsey. Todo el capítulo se pregunta si es gay hasta que él mismo le responde (y demuestra) que no es homosexual. Todo bien, la relación perfecta, hasta que una mañana, al ver a un ratón atravesar la cocina, terminan los dos subidos a una silla, gritando, haciendo muecas y Charlotte descubre que puede aguantar casi todo menos un hombre que no sea capaz de “defenderla” ante un pequeño roedor. ¿Consideró que ella podía ser quien lo defendiera a él del ratón?

Si la apariencia personal es una cuestión de elecciones, también lo debe ser la manera en que queremos ser deseados.

Sobre todo en los años ochentas, la pantalla vio varios hombres que despertaron suspiros con sus pechos poblados, fue el caso de Pierce Brosnan, Mark Harmon o el actor Rom Selleck para quienes sus cuerpos no depilados eran un gran sex apell.

Cuando las mujeres utilizan minifalda, todas van por ahí rasuradas, mostrando una parte de su cuerpo que las hace objeto de miradas -morbosas o no-, eligen mostrar sus piernas desnudas y entonces el juicio comienza: muy delgadas, muy gruesas, muy marcadas, muy blancas… las mujeres son evaluadas por la comparación entre sus piernas con los referentes -modelos, actrices, Beyoncé, etcétera- mientras a los hombres no les pasa esto, en principio, porque no se acostumbra a pensar en un hombre desde su imagen a priori (machismo) y las bermudas no suben tanto; en la mitad porque a ellos no se les pide depilarse así que no vemos bien la pierna; en último, porque sería un desastre: hay muchos hombres con piernas flacas, gruesas, blancas, desproporcionadas y tantas como hombres hay en el mundo.

Entre los famosos también vemos oposiciones fuertes. Las mujeres se han vuelto en contra de la depilación como protesta. Es una manera de dejar de seguir las normas de la moda y dejar de verse como ellos quieren verlas, la misma técnica que utilizo Leandra Medine cuando comenzó su blog The Man Repeller al asegurar que cuando las mujeres no quieren vestirse para ellos sino para ellas, las prendas comienzan a aumentar y la piel a ocultarse. El caso de esas mujeres que lo han hecho tenemos a Miley Cyrus, Madonna, Sophia Loren y Patti Smith entre otras.

Por su parte, los hombres también han dado para comparar, el casos más notorio es el de Henry Cavill, el Superman que hace suspirar a medio globo terráqueo. ¿Cómo lo prefieres?

También es el ejemplo perfecto para decir que es una cuestión de gustos. Si lo prefieres de una u otra forma es válido, pero así como solemos decir que en cuestiones de ropa, las mujeres tienen más posibilidades que los hombres, en cuestiones de vellos corporales las mujeres deberían tener tantas opciones como los hombres. Es una cuestión cultural tan arraigada como ese micromachismo que intentamos combatir. 

Si el tema es de libertad, entonces necesitamos más mujeres con ellos y democratizar el uso o no de la depilación reduciéndolo no a reglas generales sino a decisiones personales sin que ellas sean motivos de juicios despiadados. 

O todos en la cama o todos en el suelo.

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