La elite de lo impersonal

Ver una foto de Alberto García Alix es acercarse a un mundo lleno de secretos de los que solo se revela una pequeña porción. Cada una de las imágenes incluye un poco de lo que es el fotografiado, la época en la que vive, la revolución que profesa y la invisible motivación que se esconde en una mirada, una vagina o una pistola. Es como la primera palabra de un párrafo que no podemos alcanzar a leer. Las fotos de Alberto han aparecido en publicaciones como Vogue y Vanity Fair.

Los autorretratos de Alberto García, con toda esa simpleza y encanto mágico, recrean una imagen vaga de la vida que ha recorrido. Sin saberlo, con certeza, se puede deducir a partir de su mirada que es un amante del buen sexo De esas persona que intuyen ser tan buenas haciéndolo, que tener la oportunidad de probarlo debe ser un placer inolvidable. albSe puede también concluir sin poder asegurarlo que ha hecho lo que ha querido, pero no en un sentido cliché de la frase tan repetida. Cada nueva imagen ha sido una oportunidad en su camino por mostrar una mirada diferente del mundo, una nueva ventana para dar significados profundos a esos elementos de la sociedad que sin discriminarles han sido discriminados.

 

Alberto García Alix. El no-fotógrafo

Nació en 1956, su mamá es una licenciada en historia, su padre es oftalmólogo y tiene un hermano gemelo. Su amor por la fotografía no fue una casualidad ni un golpe de suerte, como lo dice en una entrevista “Yo nunca asumí ser fotógrafo, una vez pedí a mis padres que me regalaran una cámara empecé a hacer fotos, a revelarlas y poco a poco te encuentras atrapado en esa magia”.

En un intento por tratar de evadir el rumbo de su vida comenzó a estudiar derecho pero abandonó la carrera, luego se inscribió a la facultad de las ciencias de la información en Madrid pero también lo dejó. En el camino para volverse una de esas personas que caminan sin un rumbo claro, creó con su amigo Fernando País un laboratorio de fotografía. Fue allí donde comenzó a acercarse de una forma personal a la creación y el tratamiento de imágenes.

No oculta su afición por las motocicletas, “de las cosas más divertidas que se pueden hacer con los pantalones puestos es andar en dos ruedas”,  con su chaqueta de cuero, su arete, los jeans desgastados y la pinta de medio gitano y medio hippie no cabe duda que es de los auténticos personajes que se les puede ver recorriendo las carreteras de un país solo por el placer de sentir el viento en la cara, parar en algún estacionamiento a llenar el tanque de gasolina y estacionar en mitad de la nada solo para fotografiar a un pájaro que hace la combinación perfecta con el paisaje.

“La fotografía no es el espejo del alma” Alberto lo considera una ley, no hay algo metafísico en las fotos, no hay nada más allá de una imagen planeada, lo que sus fotos no dicen es todo lo que asegura, una forma cruda y salvaje de mantener una plataforma de lo verosímil. Además tiene una foto del pene de Nacho Vidal.

El puente a lo real

Alberto es una llave a un mundo del que solo tenemos una parte perversa con sombras oscuras. Es la puerta que nos lleva a la libertad de una generación envuelta en drogas, sexo y desenfreno. Su trabajo lo revela. El 80% de su obra es acerca de la gente que lo rodea, del mundo en el que ha elegido vivir. De ahí que entre sus temas siempre sean recurrentes los travestis, las vaginas expuestas sin ninguna restricción y los rostros de frente que son honestamente maquillados por una mirada o un rayo de luz. La mirada de Alberto es la real esencia de eso que llenó por mucho tiempo los prejuicios y tabúes de una sociedad que siempre ha estado podrida por dentro.

Como dijo Alejandro Jodorowsky en una de sus entrevistas: “El artista no sabe lo que está diciendo”. Luego Alberto respondió “El resplandor de la verdad es la belleza.”.

En un mundo en el que la competencia es salvaje y agresiva, en donde los fotógrafos caminan buscando la foto perfecta, el ángulo ideal, la luz correcta, Alberto simplemente va por la vida con su cámara retratando lo que le gusta. En ocasiones incluso sin siquiera mira el obturador, solo lleva su cámara a un lado de su cuerpo con el diafragma coordinado con el ambiente y presiona el botón cada vez que algo le resulta atractivo. alb 2Es como un místico que vino a mostrarnos la manera correcta de trabajar, espera el momento y se esfuerza lo suficiente. Sin prisa pero con la constancia de necesitar ver a través del lente como si fuera el aire pasando por la nariz.

Para Alberto fotografiar es como respirar

Tiene el premio Passport a la trayectoria fotográfica, el nacional de fotografía en España, el Bartolomé Ross, el premio de fotografía de la Comunidad de Madrid, el Pop Eye de Cáceres y el premio observatorio D’ACHTALL de fotografía. Los tiene todos sin aspirar a ninguno, no se jacta de lo que ha logrado, prefiere que los demás digan lo brillante que es y él solo sonríe distraído ante el halago sin evidenciar detrás de la línea de sus labios el secreto que calla, el que solo podemos encontrar si miramos una y otra vez su trabajo.

La fotografía le ha dado la oportunidad de experimentar. Su talento ha estado presente desde el momento en que la revista Barcelonesa Star publicó sus primeras fotografías incluyendo una en la portada. Años más tarde la editorial Star Books selecciono sus imágenes para la tapa de algunos de sus libros, fue así como emprendió no una carrera llena de éxitos, sino un camino colmado de placeres.

En 1981, Alberto tuvo una de las experiencias que no solo cambió su vida, sino que canalizo toda su energía y su explicación del mundo a través de su mirada particular. Conoció la obra de Diane Arbus, una fotógrafa neoyorkina que se dedicaba a mostrar el lado anormal y tenebroso de las personas. Se enfocaba en sus defectos, en la forma en que más se apreciara lo horroroso que podrían llegar a ser. Las tomas de Arbus son frontales, con gente como sacada de un circo, más reales que nunca, aspecto que resulta un frecuente en la obra de Alberto quien a pesar de no buscar personas específicas, hace de las que tiene alrededor objetos que causan temor y agonía.

Por ese tiempo también llego a conocer al perímetro artístico de la fotógrafa norteamericana Danny Lyons, quien capturaba con su cámara a los motociclistas y fue miembro del club de los mismos en Estados Unidos. Este particular gusto reunió en la mente que corre con la velocidad de un motor de Alberto las dos pasiones que marcan su existencia: la fotografía y las motocicletas. El trabajo de Lyons también incluye demoliciones de edificios en Manhattan y prisioneros por doquier, lo que hace de su obra algo fuera de lo común, cruza las líneas, de la misma forma en que Alberto sin buscarlo lo logra.

Otras de sus dos influencias fueron el fotógrafo alemán August Sander conocido por sus retratos, quien falleció en la cárcel casi al final de la segunda guerra mundial y Walder Evans, quien fotografió la crisis económica en los Estados Unidos.

Le gusta lo que la gente no quiere ver, lo que no quiere contar, de ahí que una de las principales formas de trabajar con las personas es crear una especie de complicidad. Como él lo dice: “siempre hay una complicidad con el modelo, eso es importante”. Por ejemplo, en esa foto de Nacho Vidal, está con un traje típico de Elvis Presley y además muestra el pene erecto.

 

Alberto es el perfecto cómplice.

¿Cuántas personas tienen solamente fotografías que los hacen bellos?, ¿cuánta otra gente borra o quema las fotos en donde los defectos se les multiplican?, ¿cuánta de esa gente ordinaria evita que una de sus fotos los hagan ver como prostitutas baratas o putos gay?

Con Alberto ser normal es ciertamente el defecto más visible de todo el universo. Es la deformación del cotidiano lo que le interesa. Lo homogéneo de la creación humana contrasta con la diversidad de la naturaleza.

En una oportunidad se fotografió con un vestido de mujer intentando descubrir sus lado femenino, en otra está sentado en una cama destruido como si la noche anterior hubiera estado borracho en una gira de bar en bar. No le interesa ser normal, pasa por obvia a toda la gente que parece ser sacada del libro “Un mundo feliz” de Aldoux Huxley en donde todos cumplen un rol en la sociedad que los hace iguales y aburridos.

Un travestí con mirada de gata, un hombre orinando en un retrete con una máscara, una mujer desnuda en una cama y una penetración explícita son fotos que provoca mirarlas por mucho tiempo en la búsqueda de esa historia detrás del momento. De la esencia de los cuerpos que serán cadáveres y que solo existen en ese instante. Es la maravilla de lo diario.

Además de su cruda forma de representar su realidad, lejos está de tener una morbosidad sexual sórdida y retorcida. Los genitales de todos sus modelos son mostrados en un contextos que  poco provoca verlas en alguna revista de Playboy.

No es natural, es armado. Mientras está en una sesión fotográfica dirige a las personas que se prestan para ser capturados bajo su concepto estilístico. Ellos confían, pero no lo hacen para que Alberto les haga una foto digna de ser colgada en la sala de la casa. Depositan sus expectativas con las ganas de verse de una forma absurdamente carnal y original. La complicidad es clave, no anda tras algo en específico, pero se potencian su calidad de observador y la extraordinaria forma de sacar de la gente lo mejor de sus peores facetas.

Negro y blanco

La mayoría de su trabajo está hecho en fotografías en blanco y negro, ese aspecto le da una forma de ser. Una característica particular que aumenta el dramatismo de las historias y de lo escondido. Los trabajos que ha realizado en color evidencian unos pasos cortos intentando entrar en un terreno desconocido, no deja los opacos pero teme al color y al brillo.

Le ha funcionado. No se arriesga pero tampoco deja de apostar ideas. No le teme a lo que pueda resultar, más bien su principal juego es el de dejar sin descubrir todos los matices que en su idea loca de sugerir sin gritar, quiere explicar.

El fotógrafo colombiano Ricardo Otero siente una particular fascinación por el trabajo del español y lo define como “un tanto provocador  ligeramente morboso pero no el contexto sexual, más bien  como esas  ganas de retorcer las formas, pero sin caer en la exageración o grotesco, es sencillo y logra moldear los objetos  de  una forma  no arbitraria. Lo que realmente  aporta es eso,  su facilidad para  utilizar  un par de objetos y reacomodarlos en el mismo espacio de los demás objetos ordinarios” Alberto no corre detrás de lo magnifico, por el contrario, lo rutinario lo transforma en admirable.

“La fotografía me ha enseñado a mirar hacia adentro y hacia afuera. He aprendido a valorar como veo.”

 

Además de Alberto

Ha tenido exposiciones en los mejores salones del mundo, por un tiempo dicto clases en Madrid y luego se trasladó a Paris. Con su fama de fotógrafo era hora de ampliarse a sí mismo y dirigió videos cortos con algunas de sus colecciones y su voz en off en los que nos cuenta reflexiones de lo que lo atormenta. “Quisiera abandonarme al silencio” dice en Extranjero de mí mismo y “escucha lo que mis ojos no pueden decirte” dice en Tres moscas negras.

Fue uno de los fotógrafos más destacados de la llamada “movida madrileña” que tuvo lugar a mediados de los ochenta y que luego se generalizo como la “movida española”, congregando a artistas de todos los campos en expresiones multitudinarias que envolvía moda, fotografía, música, arte, literatura, grafitis y cualquier muestra de expresión desde la activa vida nocturna de la ciudad.

En 1989 creo la revista “El canto de la tripulación” en el que se impulsaba el arte de sus amigos, una publicación cultural trabajada desde el esfuerzo de sus colaboradores, nada tenía que ver con el lucro, al contrario, Alberto perdió mucho dinero invertido en la revista, sin embargo durante 10 ediciones y hasta 1997 estuvo al frente del proyecto que es tomado como referente artístico español de la década del 90 y que lo llena de orgullo porque cada edición salió de lo profundo de su deseo.

 

El club de los de Alberto

Hay un grupo de personas que siempre se destacan por su toque de intelectualidad revuelto con descontrol, rebeldía y absurdos. Ese ciclo cerrado de artistas que parece que la pasan mejor que todo el resto de la humanidad. Alberto tiene el perfil de ser parte de ese colectivo de gente como Kate Moss, Stive Tyler, Miley Cyrus, Woody Allen, Jhonny Deep, Amy Winehouse, Paris Hilton o Nacho Vidal que sin duda hacen cosas grandes pero sus vidas privadas están envueltas en misterio, vicios, pecados y rumores.

Es un rockero sin serlo, un ser que encontró su forma de hacer catarsis a través de lo que ve, de lo que puede ser y de lo que tiene la intención de ocultar.

“En la fotografía no somos como somos, somos como éramos” dice intentando aclarar la forma en que todo lo que se ve en una imagen es pasado y no es verdad, porque para él la verdad no existe, es solo un juego.

 

Nacho Vidal desnudo

No busca producir el morbo al que estamos habituados. Alberto dentro de su mundo que intenta con códigos visuales enseñarnos, lleva a otro lado los prejuicios y valores de mentes distantes. Para la muestra un miembro.
alb 3El pene del actor porno Nacho Vidal debe ser el más conocido del mundo entero, tantas películas porno ha hecho que es pan de cada día. Pero su amigo Alberto fue el único al que se le ocurrió hacer de Nacho una copia de Elvis. No solo eso, también está descalzo, con un celular, encorvado y con una erección que casi parece un micrófono.

Fuera del fetiche, hace de la historia algo complejo sin volverse difícil de apreciar, la sutil forma de bordear los temas más críticos del plantea son simples visiones sensuales que nos tocan y nos perturban.

“El retrato es un enfrentamiento con un ser humano al que intentas destruir”, “El fotógrafo mira con intención y toda intención es sospechosa.”

Es tan terrenal Alberto García Alix que si ti tuviera un alter ego, ese podría ser el padre del Street style estadounidense Bill Cunningham, los dos difieren en sus ideales pero caen en común en sus métodos e intenciones. Mientras Bill perseguía ropa que se convertía en tendencia en la calle para su página de moda en el New York Time, Alberto persigue y deforma a la gente que se cruza en su camino.

En alguna ocasión Bill dijo: «El dinero es la cosa más barata. La libertad es la más cara.» «Si no aceptas dinero, no te pueden decir qué hacer.» Pocas frases pueden definir de una manera tan precisa lo que inspira Alberto como lo hacen estas.

“La calle ofrece imágenes en todo momento,  solo basta mirar” expresó Alberto con la intención de darnos a entender que su trabajo es parte de la calle, nada más cercano a la realidad.

 

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